Mi Resplandor
Salmo 119:129-136
Objetivo: Exponernos a la Palabra de nuestro Dios, hasta que Su rostro resplandezca en nuestras vidas y a través de nuestras vidas.
Versículo para atesorar: “Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo,
y enséñame tus estatutos.” Salmo 119:135
Introducción: En esta decimoséptima estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Pe (פ), el salmista contempla lo maravilloso de la Palabra: alumbra al sencillo, despierta hambre de obediencia, suplica misericordia y dirección, y termina llorando por quienes desprecian la ley de Dios.
V. 129. “Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado (obedece) mi alma.”
El salmista obedece porque ha quedado asombrado ante el carácter y la sabiduría de la Palabra de Dios.
Maravillosos son tus testimonios. ‘Maravillosos’ viene de la palabra hebrea <pālaʾ> (Strong H6381), que significa maravilloso, extraordinario, asombroso; algo que supera lo común. Tiene la idea de lo que es digno de asombro, excelencia y reverencia. La Palabra no se trata como un manual humano, sino como testimonio divino, como dice el Salmo 19:8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
La Escritura no solo informa, transforma. La admiración verdadera por la Palabra nace de un corazón regenerado, ya que el hombre natural no la estima como “maravillosa”, como dice 1 Corintios 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
Por tanto, los ha guardado mi alma. La obediencia aquí no es superficial. La frase “mi alma” indica: Obediencia interna, desde el corazón y perseverancia: guardar como un tesoro, no solo cumplir por obligación, como ya dijo el salmista en Salmo 119:11 En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.
Asombro santo por la Palabra produce en el siervo de Dios una profunda obediencia. Cuando la Biblia deja de ser “maravillosa”, la obediencia se vuelve pesada o hipócrita.
V. 130. “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples (gente sencilla).”
El Salmista declara que cuando Dios abre su Palabra, trae luz y entendimiento, aun a los que no son sabios según el mundo.
La exposición de tus palabras alumbra. ‘Exposición’ viene de la palabra hebrea <pethaḥ> (Strong H6607), que significa apertura, entrada, acceso. Tiene la idea de cuando se abre la puerta del texto, entra luz.
La idea no es solo “leer”, sino abrir, desplegar, dar entrada a lo que Dios dice. Cuando la Palabra se “expone”, se entiende su sentido y su peso. Esto armoniza con el modelo bíblico de enseñanza en Nehemías 8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura, y como Jesús lo hacía en Lucas 24:27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían, siendo Dios quien da el entendimiento como dice 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Hace entender a los simples. ‘Simples’ viene de la palabra hebrea <petî> (Strong H6612), que significa imple, ingenuo, inexperto; susceptible a ser persuadido. No significa “tontos”, vulnerables al engaño. La Palabra da sabiduría real al que se acerca con humildad, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
La Biblia no es solo para “expertos”. Dios la diseñó para formar discípulos comunes con sabiduría extraordinaria, como dice Proverbios 1:4 Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura.
V. 131. “Mi boca abrí y suspiré (Jadeante abro la boca), porque deseaba tus mandamientos.”
Después de afirmar que la Palabra, al ser expuesta, alumbra y da entendimiento (v.130),
El salmista ahora muestra la respuesta correcta a cuando la Palabra, al ser expuesta, alumbra y da entendimiento: hambre santa por la voluntad de Dios.
Mi boca abrí y suspiré. La imagen es de alguien jadeando, como quien viene cansado, sediento o con ansia profunda. Un deseo intenso, real, perseverante, como el que se describe en el Salmo 42:1-2a 1Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo….
La vida espiritual saludable no es fría: ama la verdad y la busca con urgencia.
Porque deseaba tus mandamientos. El salmista anhela obedecer, su deseo no es solo por “conocimiento”, sino los mandamientos de Dios, por vivir de acuerdo a Su voluntad.
Conocer a Dios se evidencia en guardar Su palabra como dice 1 Juan 2:3-5 3Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.
El corazón regenerado recibe una nueva inclinación. No es perfección, pero sí un nuevo apetito: amar lo que Dios manda, como dice Ezequiel 36:26-27 26Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.
Nadie por naturaleza jadea por obedecer. La carne resiste (Gál. 5:17). Pero el Espíritu produce un nuevo gusto, y el creyente aprende a decir: “quiero tu voluntad” como dice el Salmo 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.
V. 132. “Mírame (Vuélvete), y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre.”
El salmista pide mirada y misericordia, apelando al carácter constante de Dios con su pueblo.
Mírame, y ten misericordia de mí. En la Escritura, que Dios “mire” implica favor y cuidado, como vemos en el Salmo 25:16 Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido. La petición se basa en gracia inmerecida. El salmista reconoce que, además de instrucciones, también necesita compasión de parte de Dios. Su obediencia es real, pero siempre dependiente de la misericordia de Dios.
Como acostumbras con los que aman tu nombre. El salmista sabe que Dios tiene un “modo” fiel de actuar, y en ello pone su confianza, ya que el Señor es consistente con su carácter, como dice Lamentaciones 3:22-23 22Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Dios acostumbra mostrar favor a los que le aman, no porque se lo ganen, sino porque Él los ha tomado por suyos y cumplirá en ellos Su propósito, como dice Romanos 8:28 sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
V. 133. “Ordena (Guía) mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad (maldad) enseñoree de mí (me domine).”
El salmista hora pide algo muy práctico: dirección y dominio. No quiere caminar al azar ni vivir bajo el control del pecado.
Ordena mis pasos con tu palabra. El salmista pide que Dios establezca su caminar. No basta con saber la verdad, necesita que la Palabra gobierne sus decisiones diarias: pensamientos, hábitos, amistades, reacciones, metas, como dice Proverbios 3:5-6 5Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. 6Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas, de la misma manera que dijo Pablo en Colosenses 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. En esta segunda petición, el salmista explica el peligro de no tener sus pasos conforme a la Palabra de Dios: el pecado busca reinar. El salmista no solo pide perdón, pide liberación del dominio del mal. Esta misma idea la encontramos en Gálatas 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
V. 134. “Líbrame de la violencia de los hombres, y guardaré (obedeceré) tus mandamientos.”
El salmista ahora añade otra petición contra enemigo real: la presión y opresión externa. No solo hay lucha interna, también hay oposición afuera.
Líbrame de la violencia de los hombres. El salmista reconoce que no puede salvarse solo de ciertas circunstancias. Pide intervención divina. La idea es opresión, abuso, presión injusta, amenazas, acoso, manipulación. Puede ser un enemigo declarado o una multitud que empuja al pecado. Por eso la iglesia pedía valentía en medio de amenazas, como vemos en Hechos 4:29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.
Y guardaré tus mandamientos. Es como si el salmista dijera: “Señor, si tú me sostienes, yo caminaré en obediencia”. El propósito de ser librado no es comodidad, es fidelidad, es mostrar el amor por su Señor como dice Juan 14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
El siervo de Dios sabe que Jesús prometió aflicción, pero también presencia y victoria en Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo, y también esa promesa la declaró David en el Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.
V. 135. “Haz que tu rostro resplandezca (brillar tu rostro) sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.”
Después de pedir dirección (v.133) y liberación de la opresión (v.134), el salmista va a la raíz: necesita la presencia favorable de Dios. No busca solo que cambien las circunstancias, busca que Dios lo mire con gracia y lo instruya para obedecer.
Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo. Esta frase está conectada con la bendición sacerdotal de Números 6:24-26 24Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
La palabra ‘rostro’ viene de la palabra hebrea <pānîm> (Strong H6440), que significa rostro, presencia, semblante; la atención personal de Dios. Por lo que habla de atención, cercanía, favor. ‘Resplandecer’ viene del hebreo <’ôr> (Srong H215), que significa alumbrar, brillar, dar luz, resplandecer, que expresa que Dios no está distante ni airado, sino mostrando gracia. Una petición parecida la encontramos con David en el Salmo 31:16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.
Eso mismo le paso a Moisés cuando Dios le mandó escribir las palabras del pacto, los Diez Mandamientos. Moisés permaneció cuarenta días con Jehová, sin pan ni agua. Al descender del Sinaí, su rostro resplandecía por hablar con Dios. Aarón y el pueblo temieron; Moisés se cubrió con velo hasta volver a hablar con Jehová nuevamente (Ex. 34-27-35).
Y enséñame tus estatutos. Lo notable es que el favor de Dios no termina en “sentirse mejor”. Termina en ser enseñado para obedecer. La gracia pide instrucción, no solo alivio. Como ya lo había pedido el salmista anteriormente en el Salmo 119:12 Bendito tú, oh Jehová; enséñame tus estatutos, y es que la gracia “nos enseña” a vivir piadosamente como dice Tito 2:11-12 11Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.
El siervo de Dios no separa comunión y obediencia. Cuando Dios hace resplandecer Su rostro, el resultado es: “enséñame”. La verdadera santidad brota de conocer a Dios y someterse a su Palabra, como dice 2 Corintios 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Cristo es el cumplimiento del “rostro favorable”. El rostro de Dios resplandece sobre nosotros por Cristo. No por méritos, sino por gracia. Dios nos recibe “en el Amado”, como dice Efesios 1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, y en 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Por eso debemos ser luminares en el mundo como dice Filipenses 2:12-16 12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 14Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.
V. 136. “Ríos de agua descendieron de mis ojos (Me dan gabas de llorar), porque no guardaban tu ley.”
El salmista no solo ama la Palabra, también llora por el desprecio a la Palabra. Su celo por Dios no es frío ni orgulloso, es santo y compasivo.
Ríos de agua descendieron de mis ojos. No habla de lágrimas sentimentales. Es dolor profundo y continuo. “Ríos” expresa abundancia, persistencia. El salmista tiene un corazón sensible a la gloria de Dios y a la ruina del pecado. Como lo hizo Jeremías en Lamentaciones 3:48 Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
Porque no guardaban tu ley. La causa del llanto que desobedecen a Dios. El pecado entristece porque ofende a Dios y destruye al hombre, como ya lo había mencionado el salmista en el Salmo 119:53 Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley.
El siervo de Dios no es indiferente. Donde hay amor real por Dios, hay dolor real por el pecado. Llorar “porque no guardaban tu ley” une dos cosas:
• Dios es ofendido.
• El pecador se destruye.
Eso refleja un corazón alineado con el carácter de Dios.
Jesús mismo lloró como dice Juan 11:35 Jesús lloró. Lázaro había muerto (Jn 11:1-44). María y Marta están quebrantadas. Jesús llega a Betania, ve el dolor, se conmueve profundamente y llora antes de resucitar a Lázaro.
Sus lágrimas muestran su verdadera humanidad y su compasión real por el sufrimiento que el pecado y la muerte trajeron al mundo. También revela su indignación santa ante la muerte como enemigo (Jn. 11:33, 38). Luego manifiesta su gloria al resucitar a Lázaro (Jn. 11:40-44).
También lloró en la entrada triunfal, al acercarse a Jerusalén, Jesús contempla la ciudad que en gran medida lo rechazará, como dice Lucas 19:41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, llora porque lamento por la ceguera espiritual y las consecuencias del rechazo del Mesías, que Jerusalén sería destruida como dijo en Mateo 23:37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!
Jesús llora por el dolor humano y por la dureza espiritual. Un corazón de siervo, debe ser parecido a Cristo, que aprende a compadecerse y a advertir con verdad, no con orgullo.
Conclusión. La santidad nace del asombro por la Escritura y del favor del Señor. La Palabra afirma los pasos, frena el pecado y sostiene la presión. Quien ama a Dios llora e intercede por quienes no obedecen.