lunes, 9 de febrero de 2026

Salmo 119:137-144 Mi Justicia

 


Mi Justicia

Salmo 119:137-144


Objetivo: Entender la justicia eterna de nuestro Dios para vivir sirviéndole firmemente en la verdad.


Versículo para atesorar:Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.Salmo 119:142


Introducción: En esta decimoctava estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Tsade (צ), el salmista mira primero al carácter justo y recto de Dios. Desde la certeza de la justicia divina, afirma la pureza de la Palabra, hallando deleite y vida en ella a pesar de la angustia o el desprecio.


V. 137. “Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios (sentencias).”

El salmista se afirma en una roca: Dios es justo, y todo lo que Él determina es recto.


Justo eres tú, oh Jehová. Justo’, viene de la palabra hebrea <tsaddîq> (Strong H6662), que significa justo, recto, conforme al estándar perfecto; sin culpa. El salmista confiesa que la justicia no es una idea abstracta: es un atributo del Señor como dice Deuteronomio 32:4 Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto, y en el Salmo 145:17 Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.


Y rectos tus juicios. “Juicios” aquí no solo significa castigos, sino decisiones, veredictos, sentencias, ordenanzas. Mientras que ‘rectos’ viene de <yāshār> (Strong H3477), que significa recto, derecho, correcto, sin desviación. Todo lo que Dios evalúa y determina es “recto”, sin torcedura, como dice el Salmo 19:9b …los juicios de Jehová son verdad, todos justos.


Aquí se nota la fe madura del siervo: creer que Dios es recto incluso cuando el camino es oscuro. Los juicios de Dios son rectos, aunque nos duelan, como Job que no atribuyó despropósito a lo que Dios hizo en su vida como dice Job 1:21-22 21y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. 22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.


Cuando un siervo de Dios no entiende algo, siempre debe comenzar por esto: Dios no es injusto y no puede hacer injusticia.


V. 138. “Tus testimonios, que has recomendado (dado, ordenado), son rectos y muy fieles (dignos de confianza).”

El siervo ahora afirma que esa justicia se ve en lo que Dios ha declarado: sus testimonios.


Tus testimonios. Los “testimonios” son las declaraciones de Dios acerca de su carácter, su voluntad y su camino. Dios “testifica” y nosotros respondemos con fe y obediencia, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.


Que has recomendado.Recomendado’ viene de la palabra hebrea <tsāvāh> (Strong H6680) que significa mandar, ordenar, dar encargo con autoridad. La idea es que Dios no solo dio su Palabra, sino que la encargó con autoridad. La Escritura no se ofrece como sugerencia; se ordena como norma, como dijo en Deuteronomio 6:6-9 6Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Por eso es que la Escritura gobierna a la iglesia, no al revés. No evaluamos la Biblia; la Biblia nos evalúa.


Son rectos. Lo que Dios manda es derecho y justo, como dice el Salmo 19:8a Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón… La Biblia no tuerce la realidad, la endereza. Lo recto de Dios corrige lo torcido del hombre. Dios no solo es justo en su ser, también lo es en lo que habla y manda. Sus testimonios son “rectos” porque proceden de un Dios recto (v.137).


Y muy fieles. Aquí se afirma su confiabilidad absoluta. “Muy fieles” significa firmes, dignos de confianza, constantes, sin engaño, porque es imposible que Dios mienta, como dice Hebreos 6:18b … es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. En tiempos de presión, la certeza no está en nuestras emociones, sino en un Dios que no miente. La Palabra es “muy fiel” cuando el mundo es inestable, como Jesús dijo en Mateo 24:35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


V. 139. “Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos se olvidaron de (pasan por alto) tus palabras.”

El salmista reacciona con un celo santo al ver que otros desprecian la Palabra.


Mi celo me ha consumido. Celo’ viene de la palabra hebrea <qin’āh> (Strong H7068), que significa celo, ardor, pasión intensa; a veces celos, pero aquí es celo por Dios. No es envidia ni coraje carnal/humano. Es ardor por la gloria de Dios, dolor porque su verdad es ignorada. 


Me ha consumido’ viene del hebreo <tsāmat> (Strong H6789), que significa destruir, consumir, acabar; reducir. Describe algo intenso, que le quema por dentro, como dice el Salmo 69:9a Porque me consumió el celo de tu casa… los discípulos aplican ese texto a Jesús cuando limpia el templo (Jn. 2:17).


Al siervo que ama a Dios, le duele cuando su Palabra es tratada como irrelevante. El celo nace de la adoración. El celo santo ama la santidad de Dios y también busca el bien del prójimo. No es solo “ganar discusiones”, ya que el celo santo: nos debe lleva a orar, a hablar con mansedumbre, a vivir en obediencia. Mientras que el enojo carnal: nos vuelve ásperos, orgullosos, hirientes.


Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. “Olvidarse” aquí no es de que lo olvidaron de su memoria. Es vivir como si Dios no hubiera hablado. Es descuido culpable, desprecio práctico. Habla de aquellos que han invalidado la ley (Sal. 119:126), de los que no guardaban la ley de Dios (Sal. 119:136). Cuando la Escritura se “olvida”, se abre la puerta a reemplazarla con emociones, cultura o conveniencia. Por eso el salmista se consume: sabe el daño que viene.


V. 140. “Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.”

El salmista explica por qué ama la Escritura: porque es pura, sin mezcla, sin engaño, sin contaminación.


Sumamente pura es tu palabra. La frase expresa una pureza intensificada: refinada, probada, sin impurezas. La Palabra no tiene “tóxicos” morales, no engaña, no manipula, no se contradice. Es limpia y segura, como dice el Salmo 12:6 Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.


Dios es santo, por eso Su Palabra es limpia. La Biblia no necesita “limpieza” humana. Lo que es puro produce pureza en quien lo recibe con fe, como Jesús dijo en Juan 15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.


Y la ama tu siervo. El amor a la Palabra no es solo emoción, es evidencia de haber nacido de nuevo. En el Salmo 119, amar la Palabra implica: Deleitarse en ella, guardarla, ponerla por encima de todas las cosas, obedecerla.


La obediencia a la Palabra nace del amor a la pureza de Dios, como ya dijo en el Salmo 119:97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación. La Palabra nos limpia cuando el mundo nos ensucia con las redes sociales, música, amistades, series, porque todo trae “mezclas”. La Biblia es un filtro y produce una limpieza espiritual.


V. 141. “Pequeño (insignificante) soy yo, y desechado (despreciado), mas no me he olvidado de tus mandamientos.”

El salmista confiesa su condición social y emocional: se siente insignificante y despreciado, pero su fidelidad a la Palabra permanece.


Pequeño soy yo, y desechado. No habla de estatura o edad. “Pequeño” expresa humildad, insignificancia a los ojos de otros, poca importancia en la escala del mundo, mientras que “desechado” es despreciado, rechazado, tratado como si no valiera. Puede implicar burla, marginación, rechazo por la fe o por la fidelidad a la verdad.


Así pasó con David como cuando Dios envió a Samuel a Belén, a la casa de Isaí, para ungir al próximo rey. Samuel ve a Eliab, el hermano mayor de David y piensa que es el escogido por su porte, pero Dios lo corrige en 1 Samuel 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Finalmente, traen al joven David, el menor, que estaba cuidando ovejas, y Dios lo elige y lo unge como rey (1 Sam 16:11-13).


Pablo también menciona este concepto en 1 Corintios 1:27-29 27sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia.


Mas no me he olvidado de tus mandamientos. El rechazo no vuelve al salmista alguien amargado, ni lo hace negociar la verdad, ya que su fidelidad no depende de aprobación humana, y más bien, repite lo que ya dijo en el Salmo 119:16 Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.


El siervo de Dios no buscar agradar a los hombres, para ellos puede ser “pequeño y desechado”, pero sabe que le pertenece al Dios justo. La aprobación definitiva viene del Señor, como dice Gálatas 1:10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.


Cristo es el ejemplo supremo del “desechado fiel”. Jesús fue despreciado y rechazado, pero guardó perfectamente la voluntad del Padre, como dice 1 Pedro 2:21-23 21Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.


V. 142. “Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.”

El salmista declara dos columnas: la justicia de Dios es eterna y su ley es verdad.


Tu justicia es justicia eterna. Justicia’ viene de la palabra hebrea <tsĕdāqāh> (Strong H6666), que significa justicia, rectitud; lo correcto conforme al estándar de Dios. No es una justicia cambiante, cultural o negociable. Es justicia que no se altera con generaciones, no se corrompe, no depende de la opinión humana, como dice el Salmo 90:2 Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Cuando el mundo cambia sus “estándares”, el siervo descansa en que Dios no cambia.


Y tu ley la verdad. La ley de Dios no solo contiene verdad: es verdad. Es la norma objetiva que confronta mentiras del corazón y de la cultura, como Jesús dijo en Juan 17:17b …Tu palabra es verdad.


Al decir el siervo “tu ley la verdad” afirma que la Escritura es la máxima autoridad para nuestra fe y conducta. La iglesia y el creyente deben someterse al texto de la Escritura, no ajustar el texto al gusto del siglo.


Para Sus siervos, la justicia eterna de Dios es Cristo, nuestra esperanza. La cruz muestra justicia perfecta y gracia perfecta como dice Romanos 3:25-26 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.


V. 143. “Aflicción y angustia se han apoderado de mí, mas tus mandamientos fueron mi delicia.”

El salmista muestra cómo esa verdad funciona en la vida real: cuando llegan presión y dolor, la Palabra no se vuelve pesada, se vuelve delicia.


Aflicción y angustia se han apoderado de mí. “Aflicción” habla de adversidad, opresión, tribulación, que describe presión externa, mientras que “angustia” habla de estrechez, ansiedad, sensación de estar encerrado sin salida, lo que nos indica una presión interna.


La frase “se han apoderado” indica que no es un malestar leve, sino algo que lo alcanza y lo oprime, pero recordemos la promesa del Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.


Mas tus mandamientos fueron mi delicia. Aquí está el contraste, el dolor no define el gozo del salmista, sino que encuentra placer real en obedecer a Dios, aun cuando la vida aprieta.


Delicia’ viene del hebreo <sha‘ashu‘im> (Strong H8191), que significa deleites, placeres, lo que da gozo y consuelo. Implica gusto, placer, satisfacción. Es el gozo profundo que nace de confiar en el Dios justo. El salmista ya había mencionado algo parecido en el Salmo 119:92 Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido. La Biblia no promete una vida sin dolor, promete un Dios fiel en el dolor. 


Para el siervo de Dios, la Palabra es alimento, consuelo y dirección en la presión. Dios lo sostiene por la Escritura, Su Espíritu y Su Iglesia.


V. 144. “Justicia eterna son tus testimonios; dame entendimiento, y viviré.”

El salmista vuelve a enfatizar lo que ya declaró (v.142): la justicia de Dios no cambia. Y termina con una petición clave: entendimiento que produce vida.


Justicia eterna son tus testimonios. El salmista une dos ideas:

Los testimonios de Dios no son solo correctos, son justicia eterna.

La Palabra revela el estándar recto de Dios en todo tiempo.


La misma idea la vemos en el Salmo 19:9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos.


Dame entendimiento. No pide solo alivio de la angustia (v.143), sino comprensión espiritual para caminar rectamente. Esta petición muestra humildad: sin la iluminación de Dios, no hay discernimiento real, el salmista ya lo había pedido en el Salmo 119:34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón.


El entendimiento es don de Dios, lo da normalmente por la Escritura predicada, leída y meditada, como dice 1 Corintios 2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.


Y viviré. Aquí “vivir” no es solo respirar. Es vivir en plenitud espiritual: firmeza, obediencia, gozo, perseverancia. Sin entendimiento, el siervo se debilita; con entendimiento, vive, como Jesús dijo en Juan 6:63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.


Conclusión. Internalizar la justicia eterna de Dios otorga estabilidad inquebrantable frente a un mundo cambiante. Esta síntesis de justicia, pureza y entendimiento espiritual nos llama a perseverar con fidelidad. Descansemos en la Verdad, permitiendo que la ley gobierne nuestra alma hasta alcanzar la plenitud de vida prometida en Cristo Jesús.

lunes, 2 de febrero de 2026

Salmo 119:129-136 Mi Resplandor

 


Mi Resplandor

Salmo 119:129-136


Objetivo: Exponernos a la Palabra de nuestro Dios, hasta que Su rostro resplandezca en nuestras vidas y a través de nuestras vidas.


Versículo para atesorar:Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo,

y enséñame tus estatutos.Salmo 119:135


Introducción: En esta decimoséptima estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Pe (פ), el salmista contempla lo maravilloso de la Palabra: alumbra al sencillo, despierta hambre de obediencia, suplica misericordia y dirección, y termina llorando por quienes desprecian la ley de Dios.


V. 129. “Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado (obedece) mi alma.”

El salmista obedece porque ha quedado asombrado ante el carácter y la sabiduría de la Palabra de Dios. 


Maravillosos son tus testimonios. Maravillosos’ viene de la palabra hebrea <pālaʾ> (Strong H6381), que significa maravilloso, extraordinario, asombroso; algo que supera lo común. Tiene la idea de lo que es digno de asombro, excelencia y reverencia. La Palabra no se trata como un manual humano, sino como testimonio divino, como dice el Salmo 19:8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.


La Escritura no solo informa, transforma. La admiración verdadera por la Palabra nace de un corazón regenerado, ya que el hombre natural no la estima como “maravillosa”, como dice 1 Corintios 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.


Por tanto, los ha guardado mi alma. La obediencia aquí no es superficial. La frase “mi alma” indica: Obediencia interna, desde el corazón y perseverancia: guardar como un tesoro, no solo cumplir por obligación, como ya dijo el salmista en Salmo 119:11 En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.


Asombro santo por la Palabra produce en el siervo de Dios una profunda obediencia. Cuando la Biblia deja de ser “maravillosa”, la obediencia se vuelve pesada o hipócrita.


V. 130. “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples (gente sencilla).”

El Salmista declara que cuando Dios abre su Palabra, trae luz y entendimiento, aun a los que no son sabios según el mundo.


La exposición de tus palabras alumbra.  Exposición’ viene de la palabra hebrea <pethaḥ> (Strong H6607), que significa apertura, entrada, acceso. Tiene la idea de cuando se abre la puerta del texto, entra luz.


La idea no es solo “leer”, sino abrir, desplegar, dar entrada a lo que Dios dice. Cuando la Palabra se “expone”, se entiende su sentido y su peso. Esto armoniza con el modelo bíblico de enseñanza en Nehemías 8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura, y como Jesús lo hacía en Lucas 24:27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían, siendo Dios quien da el entendimiento como dice 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.


Hace entender a los simples. Simples’ viene de la palabra hebrea <petî> (Strong H6612), que significa imple, ingenuo, inexperto; susceptible a ser persuadido. No significa “tontos”, vulnerables al engaño. La Palabra da sabiduría real al que se acerca con humildad, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.


La Biblia no es solo para “expertos”. Dios la diseñó para formar discípulos comunes con sabiduría extraordinaria, como dice Proverbios 1:4 Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura. 


V. 131. “Mi boca abrí y suspiré (Jadeante abro la boca), porque deseaba tus mandamientos.”

Después de afirmar que la Palabra, al ser expuesta, alumbra y da entendimiento (v.130), 


El salmista ahora muestra la respuesta correcta a cuando la Palabra, al ser expuesta, alumbra y da entendimiento: hambre santa por la voluntad de Dios.


Mi boca abrí y suspiré. La imagen es de alguien jadeando, como quien viene cansado, sediento o con ansia profunda. Un deseo intenso, real, perseverante, como el que se describe en el Salmo 42:1-2a 1Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo….


La vida espiritual saludable no es fría: ama la verdad y la busca con urgencia.


Porque deseaba tus mandamientos. El salmista anhela obedecer, su deseo no es solo por “conocimiento”, sino los mandamientos de Dios, por vivir de acuerdo a Su voluntad. 


Conocer a Dios se evidencia en guardar Su palabra como dice 1 Juan 2:3-5 3Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.


El corazón regenerado recibe una nueva inclinación. No es perfección, pero sí un nuevo apetito: amar lo que Dios manda, como dice Ezequiel 36:26-27 26Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.


Nadie por naturaleza jadea por obedecer. La carne resiste (Gál. 5:17). Pero el Espíritu produce un nuevo gusto, y el creyente aprende a decir: “quiero tu voluntad” como dice el Salmo 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.


V. 132. “Mírame (Vuélvete), y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre.”

El salmista pide mirada y misericordia, apelando al carácter constante de Dios con su pueblo.


Mírame, y ten misericordia de mí. En la Escritura, que Dios “mire” implica favor y cuidado, como vemos en el Salmo 25:16 Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido.  La petición se basa en gracia inmerecida. El salmista reconoce que, además de instrucciones, también necesita compasión de parte de Dios. Su obediencia es real, pero siempre dependiente de la misericordia de Dios.


Como acostumbras con los que aman tu nombre. El salmista sabe que Dios tiene un “modo” fiel de actuar, y en ello pone su confianza, ya que el Señor es consistente con su carácter, como dice Lamentaciones 3:22-23 22Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.


Dios acostumbra mostrar favor a los que le aman, no porque se lo ganen, sino porque Él los ha tomado por suyos y cumplirá en ellos Su propósito, como dice Romanos 8:28 sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.


V. 133. “Ordena (Guía) mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad (maldad)  enseñoree de mí (me domine).”

El salmista hora pide algo muy práctico: dirección y dominio. No quiere caminar al azar ni vivir bajo el control del pecado.


Ordena mis pasos con tu palabra. El salmista pide que Dios establezca su caminar. No basta con saber la verdad, necesita que la Palabra gobierne sus decisiones diarias: pensamientos, hábitos, amistades, reacciones, metas, como dice Proverbios 3:5-6 5Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. 6Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas, de la misma manera que dijo Pablo en Colosenses 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.


Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. En esta segunda petición, el salmista explica el peligro de no tener sus pasos conforme a la Palabra de Dios: el pecado busca reinar. El salmista no solo pide perdón, pide liberación del dominio del mal. Esta misma idea la encontramos en Gálatas 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.


V. 134. “Líbrame de la violencia de los hombres, y guardaré (obedeceré) tus mandamientos.”

El salmista ahora añade otra petición contra enemigo real: la presión y opresión externa. No solo hay lucha interna, también hay oposición afuera.


Líbrame de la violencia de los hombres. El salmista reconoce que no puede salvarse solo de ciertas circunstancias. Pide intervención divina. La idea es opresión, abuso, presión injusta, amenazas, acoso, manipulación. Puede ser un enemigo declarado o una multitud que empuja al pecado. Por eso la iglesia pedía valentía en medio de amenazas, como vemos en Hechos 4:29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.


Y guardaré tus mandamientos. Es como si el salmista dijera: “Señor, si tú me sostienes, yo caminaré en obediencia”. El propósito de ser librado no es comodidad, es fidelidad, es mostrar el amor por su Señor como dice Juan 14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.


El siervo de Dios sabe que Jesús prometió aflicción, pero también presencia y victoria en  Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo, y también esa promesa la declaró David en el Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.


V. 135. “Haz que tu rostro resplandezca (brillar tu rostro) sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.”

Después de pedir dirección (v.133) y liberación de la opresión (v.134), el salmista va a la raíz: necesita la presencia favorable de Dios. No busca solo que cambien las circunstancias, busca que Dios lo mire con gracia y lo instruya para obedecer.


Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo. Esta frase está conectada con la bendición sacerdotal de Números 6:24-26 24Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.


La palabra ‘rostro’ viene de la palabra hebrea <pānîm> (Strong H6440), que significa rostro, presencia, semblante; la atención personal de Dios. Por lo que habla de atención, cercanía, favor. ‘Resplandecer’ viene del hebreo <’ôr> (Srong H215), que significa alumbrar, brillar, dar luz, resplandecer, que expresa que Dios no está distante ni airado, sino mostrando gracia. Una petición parecida la encontramos con David en el Salmo 31:16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.


Eso mismo le paso a Moisés cuando Dios le mandó escribir las palabras del pacto, los Diez Mandamientos. Moisés permaneció cuarenta días con Jehová, sin pan ni agua. Al descender del Sinaí, su rostro resplandecía por hablar con Dios. Aarón y el pueblo temieron; Moisés se cubrió con velo hasta volver a hablar con Jehová nuevamente (Ex. 34-27-35).


Y enséñame tus estatutos. Lo notable es que el favor de Dios no termina en “sentirse mejor”. Termina en ser enseñado para obedecer. La gracia pide instrucción, no solo alivio. Como ya lo había pedido el salmista anteriormente en el Salmo 119:12 Bendito tú, oh Jehová; enséñame tus estatutos, y es que la gracia “nos enseña” a vivir piadosamente como dice Tito 2:11-12 11Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.


El siervo de Dios no separa comunión y obediencia. Cuando Dios hace resplandecer Su rostro, el resultado es: “enséñame”. La verdadera santidad brota de conocer a Dios y someterse a su Palabra, como dice 2 Corintios 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.


Cristo es el cumplimiento del “rostro favorable”. El rostro de Dios resplandece sobre nosotros por Cristo. No por méritos, sino por gracia. Dios nos recibe “en el Amado”, como dice Efesios 1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, y en 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.


Por eso debemos ser luminares en el mundo como dice Filipenses 2:12-16 12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 14Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.


V. 136. “Ríos de agua descendieron de mis ojos (Me dan gabas de llorar), porque no guardaban tu ley.”

El salmista no solo ama la Palabra, también llora por el desprecio a la Palabra. Su celo por Dios no es frío ni orgulloso, es santo y compasivo.


Ríos de agua descendieron de mis ojos. No habla de lágrimas sentimentales. Es dolor profundo y continuo. “Ríos” expresa abundancia, persistencia. El salmista tiene un corazón sensible a la gloria de Dios y a la ruina del pecado. Como lo hizo Jeremías en Lamentaciones 3:48 Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 


Porque no guardaban tu ley. La causa del llanto que desobedecen a Dios. El pecado entristece porque ofende a Dios y destruye al hombre, como ya lo había mencionado el salmista en el Salmo 119:53 Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley.


El siervo de Dios no es indiferente. Donde hay amor real por Dios, hay dolor real por el pecado. Llorar “porque no guardaban tu ley” une dos cosas:


Dios es ofendido.

El pecador se destruye.


Eso refleja un corazón alineado con el carácter de Dios.


Jesús mismo lloró como dice Juan 11:35 Jesús lloró. Lázaro había muerto (Jn 11:1-44). María y Marta están quebrantadas. Jesús llega a Betania, ve el dolor, se conmueve profundamente y llora antes de resucitar a Lázaro.


Sus lágrimas muestran su verdadera humanidad y su compasión real por el sufrimiento que el pecado y la muerte trajeron al mundo. También revela su indignación santa ante la muerte como enemigo (Jn. 11:33, 38). Luego manifiesta su gloria al resucitar a Lázaro (Jn. 11:40-44).


También lloró en la entrada triunfal, al acercarse a Jerusalén, Jesús contempla la ciudad que en gran medida lo rechazará, como dice Lucas 19:41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, llora porque lamento por la ceguera espiritual y las consecuencias del rechazo del Mesías, que Jerusalén sería destruida como dijo en Mateo 23:37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!


Jesús llora por el dolor humano y por la dureza espiritual. Un corazón de siervo, debe ser parecido a Cristo, que aprende a compadecerse y a advertir con verdad, no con orgullo.


Conclusión. La santidad nace del asombro por la Escritura y del favor del Señor. La Palabra afirma los pasos, frena el pecado y sostiene la presión. Quien ama a Dios llora e intercede por quienes no obedecen.

Salmo 119:137-144 Mi Justicia

  Mi Justicia Salmo 119:137-144 Objetivo: Entender la justicia eterna de nuestro Dios para vivir sirviéndole firmemente en la verdad. Versíc...