lunes, 2 de febrero de 2026

Salmo 119:129-136 Mi Resplandor

 


Mi Resplandor

Salmo 119:129-136


Objetivo: Exponernos a la Palabra de nuestro Dios, hasta que Su rostro resplandezca en nuestras vidas y a través de nuestras vidas.


Versículo para atesorar:Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo,

y enséñame tus estatutos.Salmo 119:135


Introducción: En esta decimoséptima estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Pe (פ), el salmista contempla lo maravilloso de la Palabra: alumbra al sencillo, despierta hambre de obediencia, suplica misericordia y dirección, y termina llorando por quienes desprecian la ley de Dios.


V. 129. “Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado (obedece) mi alma.”

El salmista obedece porque ha quedado asombrado ante el carácter y la sabiduría de la Palabra de Dios. 


Maravillosos son tus testimonios. Maravillosos’ viene de la palabra hebrea <pālaʾ> (Strong H6381), que significa maravilloso, extraordinario, asombroso; algo que supera lo común. Tiene la idea de lo que es digno de asombro, excelencia y reverencia. La Palabra no se trata como un manual humano, sino como testimonio divino, como dice el Salmo 19:8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.


La Escritura no solo informa, transforma. La admiración verdadera por la Palabra nace de un corazón regenerado, ya que el hombre natural no la estima como “maravillosa”, como dice 1 Corintios 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.


Por tanto, los ha guardado mi alma. La obediencia aquí no es superficial. La frase “mi alma” indica: Obediencia interna, desde el corazón y perseverancia: guardar como un tesoro, no solo cumplir por obligación, como ya dijo el salmista en Salmo 119:11 En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.


Asombro santo por la Palabra produce en el siervo de Dios una profunda obediencia. Cuando la Biblia deja de ser “maravillosa”, la obediencia se vuelve pesada o hipócrita.


V. 130. “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples (gente sencilla).”

El Salmista declara que cuando Dios abre su Palabra, trae luz y entendimiento, aun a los que no son sabios según el mundo.


La exposición de tus palabras alumbra.  Exposición’ viene de la palabra hebrea <pethaḥ> (Strong H6607), que significa apertura, entrada, acceso. Tiene la idea de cuando se abre la puerta del texto, entra luz.


La idea no es solo “leer”, sino abrir, desplegar, dar entrada a lo que Dios dice. Cuando la Palabra se “expone”, se entiende su sentido y su peso. Esto armoniza con el modelo bíblico de enseñanza en Nehemías 8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura, y como Jesús lo hacía en Lucas 24:27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían, siendo Dios quien da el entendimiento como dice 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.


Hace entender a los simples. Simples’ viene de la palabra hebrea <petî> (Strong H6612), que significa imple, ingenuo, inexperto; susceptible a ser persuadido. No significa “tontos”, vulnerables al engaño. La Palabra da sabiduría real al que se acerca con humildad, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.


La Biblia no es solo para “expertos”. Dios la diseñó para formar discípulos comunes con sabiduría extraordinaria, como dice Proverbios 1:4 Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura. 


V. 131. “Mi boca abrí y suspiré (Jadeante abro la boca), porque deseaba tus mandamientos.”

Después de afirmar que la Palabra, al ser expuesta, alumbra y da entendimiento (v.130), 


El salmista ahora muestra la respuesta correcta a cuando la Palabra, al ser expuesta, alumbra y da entendimiento: hambre santa por la voluntad de Dios.


Mi boca abrí y suspiré. La imagen es de alguien jadeando, como quien viene cansado, sediento o con ansia profunda. Un deseo intenso, real, perseverante, como el que se describe en el Salmo 42:1-2a 1Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo….


La vida espiritual saludable no es fría: ama la verdad y la busca con urgencia.


Porque deseaba tus mandamientos. El salmista anhela obedecer, su deseo no es solo por “conocimiento”, sino los mandamientos de Dios, por vivir de acuerdo a Su voluntad. 


Conocer a Dios se evidencia en guardar Su palabra como dice 1 Juan 2:3-5 3Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.


El corazón regenerado recibe una nueva inclinación. No es perfección, pero sí un nuevo apetito: amar lo que Dios manda, como dice Ezequiel 36:26-27 26Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.


Nadie por naturaleza jadea por obedecer. La carne resiste (Gál. 5:17). Pero el Espíritu produce un nuevo gusto, y el creyente aprende a decir: “quiero tu voluntad” como dice el Salmo 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.


V. 132. “Mírame (Vuélvete), y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre.”

El salmista pide mirada y misericordia, apelando al carácter constante de Dios con su pueblo.


Mírame, y ten misericordia de mí. En la Escritura, que Dios “mire” implica favor y cuidado, como vemos en el Salmo 25:16 Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido.  La petición se basa en gracia inmerecida. El salmista reconoce que, además de instrucciones, también necesita compasión de parte de Dios. Su obediencia es real, pero siempre dependiente de la misericordia de Dios.


Como acostumbras con los que aman tu nombre. El salmista sabe que Dios tiene un “modo” fiel de actuar, y en ello pone su confianza, ya que el Señor es consistente con su carácter, como dice Lamentaciones 3:22-23 22Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.


Dios acostumbra mostrar favor a los que le aman, no porque se lo ganen, sino porque Él los ha tomado por suyos y cumplirá en ellos Su propósito, como dice Romanos 8:28 sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.


V. 133. “Ordena (Guía) mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad (maldad)  enseñoree de mí (me domine).”

El salmista hora pide algo muy práctico: dirección y dominio. No quiere caminar al azar ni vivir bajo el control del pecado.


Ordena mis pasos con tu palabra. El salmista pide que Dios establezca su caminar. No basta con saber la verdad, necesita que la Palabra gobierne sus decisiones diarias: pensamientos, hábitos, amistades, reacciones, metas, como dice Proverbios 3:5-6 5Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. 6Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas, de la misma manera que dijo Pablo en Colosenses 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.


Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. En esta segunda petición, el salmista explica el peligro de no tener sus pasos conforme a la Palabra de Dios: el pecado busca reinar. El salmista no solo pide perdón, pide liberación del dominio del mal. Esta misma idea la encontramos en Gálatas 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.


V. 134. “Líbrame de la violencia de los hombres, y guardaré (obedeceré) tus mandamientos.”

El salmista ahora añade otra petición contra enemigo real: la presión y opresión externa. No solo hay lucha interna, también hay oposición afuera.


Líbrame de la violencia de los hombres. El salmista reconoce que no puede salvarse solo de ciertas circunstancias. Pide intervención divina. La idea es opresión, abuso, presión injusta, amenazas, acoso, manipulación. Puede ser un enemigo declarado o una multitud que empuja al pecado. Por eso la iglesia pedía valentía en medio de amenazas, como vemos en Hechos 4:29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.


Y guardaré tus mandamientos. Es como si el salmista dijera: “Señor, si tú me sostienes, yo caminaré en obediencia”. El propósito de ser librado no es comodidad, es fidelidad, es mostrar el amor por su Señor como dice Juan 14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.


El siervo de Dios sabe que Jesús prometió aflicción, pero también presencia y victoria en  Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo, y también esa promesa la declaró David en el Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.


V. 135. “Haz que tu rostro resplandezca (brillar tu rostro) sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.”

Después de pedir dirección (v.133) y liberación de la opresión (v.134), el salmista va a la raíz: necesita la presencia favorable de Dios. No busca solo que cambien las circunstancias, busca que Dios lo mire con gracia y lo instruya para obedecer.


Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo. Esta frase está conectada con la bendición sacerdotal de Números 6:24-26 24Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.


La palabra ‘rostro’ viene de la palabra hebrea <pānîm> (Strong H6440), que significa rostro, presencia, semblante; la atención personal de Dios. Por lo que habla de atención, cercanía, favor. ‘Resplandecer’ viene del hebreo <’ôr> (Srong H215), que significa alumbrar, brillar, dar luz, resplandecer, que expresa que Dios no está distante ni airado, sino mostrando gracia. Una petición parecida la encontramos con David en el Salmo 31:16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.


Eso mismo le paso a Moisés cuando Dios le mandó escribir las palabras del pacto, los Diez Mandamientos. Moisés permaneció cuarenta días con Jehová, sin pan ni agua. Al descender del Sinaí, su rostro resplandecía por hablar con Dios. Aarón y el pueblo temieron; Moisés se cubrió con velo hasta volver a hablar con Jehová nuevamente (Ex. 34-27-35).


Y enséñame tus estatutos. Lo notable es que el favor de Dios no termina en “sentirse mejor”. Termina en ser enseñado para obedecer. La gracia pide instrucción, no solo alivio. Como ya lo había pedido el salmista anteriormente en el Salmo 119:12 Bendito tú, oh Jehová; enséñame tus estatutos, y es que la gracia “nos enseña” a vivir piadosamente como dice Tito 2:11-12 11Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.


El siervo de Dios no separa comunión y obediencia. Cuando Dios hace resplandecer Su rostro, el resultado es: “enséñame”. La verdadera santidad brota de conocer a Dios y someterse a su Palabra, como dice 2 Corintios 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.


Cristo es el cumplimiento del “rostro favorable”. El rostro de Dios resplandece sobre nosotros por Cristo. No por méritos, sino por gracia. Dios nos recibe “en el Amado”, como dice Efesios 1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, y en 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.


Por eso debemos ser luminares en el mundo como dice Filipenses 2:12-16 12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 14Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.


V. 136. “Ríos de agua descendieron de mis ojos (Me dan gabas de llorar), porque no guardaban tu ley.”

El salmista no solo ama la Palabra, también llora por el desprecio a la Palabra. Su celo por Dios no es frío ni orgulloso, es santo y compasivo.


Ríos de agua descendieron de mis ojos. No habla de lágrimas sentimentales. Es dolor profundo y continuo. “Ríos” expresa abundancia, persistencia. El salmista tiene un corazón sensible a la gloria de Dios y a la ruina del pecado. Como lo hizo Jeremías en Lamentaciones 3:48 Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 


Porque no guardaban tu ley. La causa del llanto que desobedecen a Dios. El pecado entristece porque ofende a Dios y destruye al hombre, como ya lo había mencionado el salmista en el Salmo 119:53 Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley.


El siervo de Dios no es indiferente. Donde hay amor real por Dios, hay dolor real por el pecado. Llorar “porque no guardaban tu ley” une dos cosas:


Dios es ofendido.

El pecador se destruye.


Eso refleja un corazón alineado con el carácter de Dios.


Jesús mismo lloró como dice Juan 11:35 Jesús lloró. Lázaro había muerto (Jn 11:1-44). María y Marta están quebrantadas. Jesús llega a Betania, ve el dolor, se conmueve profundamente y llora antes de resucitar a Lázaro.


Sus lágrimas muestran su verdadera humanidad y su compasión real por el sufrimiento que el pecado y la muerte trajeron al mundo. También revela su indignación santa ante la muerte como enemigo (Jn. 11:33, 38). Luego manifiesta su gloria al resucitar a Lázaro (Jn. 11:40-44).


También lloró en la entrada triunfal, al acercarse a Jerusalén, Jesús contempla la ciudad que en gran medida lo rechazará, como dice Lucas 19:41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, llora porque lamento por la ceguera espiritual y las consecuencias del rechazo del Mesías, que Jerusalén sería destruida como dijo en Mateo 23:37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!


Jesús llora por el dolor humano y por la dureza espiritual. Un corazón de siervo, debe ser parecido a Cristo, que aprende a compadecerse y a advertir con verdad, no con orgullo.


Conclusión. La santidad nace del asombro por la Escritura y del favor del Señor. La Palabra afirma los pasos, frena el pecado y sostiene la presión. Quien ama a Dios llora e intercede por quienes no obedecen.

lunes, 26 de enero de 2026

Salmo 119:121-128 Mi Función



Mi Función

Salmo 119:121-128


Objetivo: Entender que es tiempo de actuar como siervos de Dios, validando la Palabra de Su Justicia a través de nuestra vida.


Versículo para atesorar:Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley.Salmo 119:126


Introducción: En esta decimosexta estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Ayin (ע), el salmista apela a la justicia divina desde una identidad de siervo. No reclama mérito salvífico, sino que presenta su integridad como evidencia de la gracia. Ante la opresión, busca la intervención de Dios para validar Su Palabra mediante una vida de sincera obediencia y rectitud.


Vv. 121-122. Mis opresores

V. 121. “Juicio y justicia he hecho; no me abandones a (no me dejes en manos de) mis opresores (enemigos).”

Juicio y justicia he hecho. “Juicio” aquí es la idea de actuar con rectitud en decisiones y con un estándar correcto, mientras que “justicia” es la práctica de lo que es recto y conforme a lo bueno. El salmista afirma que su vida no es una vida de engaño o abuso, sino de integridad.


Esto no significa que el salmista pretenda justicia propia para justificarse ante Dios. Más bien, es el fruto visible de una vida bajo la Palabra, como dice Proverbios 10:9 El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Los siervos de Dios pueden apelar a su integridad como evidencia de una conciencia limpia, no como mérito.


No me abandones a mis opresores. La palabra “opresores” describe a quienes abusan, aplastan, explotan o persiguen. En esta petición el salmista reconoce una verdad clave: si Dios retira su amparo, el justo queda vulnerable. Es la misma petición que hace el Rey David en el Salmo 27:12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Dios no es indiferente a la opresión. A veces permite pruebas, pero nunca abandona a los suyos en el sentido de desamparo final, como dice el Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.


Integridad no es perfección, es sinceridad obediente. El salmista no está diciendo: “merece que me salves de mis opresores porque soy bueno”. Está diciendo: “Señor, tú sabes que he procurado justicia. Por tanto, sé mi defensor”.


V. 122. “Afianza (Garantiza) a tu siervo para bien; no permitas que los soberbios me opriman (molesten).”

El salmista pide ahora algo más profundo: no solo protección externa, sino estabilidad para hacer el bien y límite a la opresión de los soberbios.


Afianza a tu siervo para bien. “Afianza” es una petición de seguridad, garantía, respaldo. El salmista reconoce: si Dios no lo sostiene, él no podrá mantenerse firme ni hacer el bien. El salmista no ora pidiendo que le sea quitado el problema, sino que sea afianzado para el bien; es decir, pidiendo que, cuando hay presión en trabajo, familia o ministerio, sea guardado de reaccionar en la carne, y no pagar mal por mal (Rom. 12:17), sino que su corazón sea sostenido para responder con verdad y mansedumbre.


Aquí vemos una doctrina preciosa: la perseverancia del creyente es real, pero es por la gracia preservadora de Dios, misma petición que hizo en el Salmo 119:116a Susténtame conforme a tu palabra, y viviré


No permitas que los soberbios me opriman. Los “soberbios” son los que se exaltan contra Dios y, por eso, pisotean a otros. La soberbia horizontal casi siempre nace de una soberbia vertical: rechazan el señorío de Dios y se sienten con derecho a dominar, pero Dios los resiste como dice Santiago 4:6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Dios a veces permite la prueba, pero nunca permite que el mal tenga la última palabra sobre sus hijos.


El salmista no se apoya en su fuerza. Se identifica como “tu siervo”: propiedad del Señor, dependiente del Señor, llamado a obedecer al Señor.


Cristo es el Siervo perfecto. Él fue oprimido por hombres soberbios, pero el Padre vindicó su causa en la resurrección. En Cristo, podemos pedir con confianza: “Afíanzame”, porque Dios te recibe en el Amado.


V. 123. Mi desfallecimiento

V. 123. “Mis ojos desfallecieron (se consumen, se nublan) por tu salvación, y por la palabra (promesa) de tu justicia.”

El salmista describe una espera intensa y prolongada.


Mis ojos desfallecieron por tu salvación. “Desfallecieron” expresa agotamiento, como cuando alguien espera mirando al horizonte hasta cansarse. La imagen es poderosa: la fe puede estar cansada, pero sigue mirando a Dios. El salmista apunta su máximo anhelo: la salvación final, no solo espera lo “saque del problema”, sino la redención completa. Una expresión parecida la encontramos de David en el Salmo 27:13 Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. 


Y por la palabra de tu justicia. El salmista no espera una salvación inventada por sus emociones, sino la que Dios promete. La “palabra de tu justicia” es la Palabra que es recta, fiel, y que declara lo que Dios hará conforme a Su carácter, conforme a lo que Dios ha dicho, como dice Hebreos 10:23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.


En este versículo, el salmista nos enseña que, como siervos, podemos experimentar fatiga real, tristeza real y presión real, sin que eso signifique abandono de Dios. La perseverancia no es “nunca pasar dificultades”, sino seguir esperando. 


Vv. 124-125. Mi capacitación

V. 124. “Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.”

Para el salmista, la misericordia no es solo alivio, es formación.


Haz con tu siervo según tu misericordia. “Tu siervo” expresa pertenencia: el salmista se coloca bajo el señorío de Dios. “Según tu misericordia” es el fundamento: Dios actúa conforme a su carácter compasivo.


Misericordia en el AT suele relacionarse con el amor leal del pacto. No es un “favorcito”, es el compromiso fiel de Dios con los suyos, como dice Lamentaciones 3:22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.


Y enséñame tus estatutos. Notemos el orden: primero pide misericordia, luego enseñanza. Para el siervo, la misericordia de Dios no termina en perdón: continúa en santificación, en disciplina amorosa y en dirección por la Palabra. El salmista no pide solo que se vaya el dolor; pide aprendizaje. Eso es madurez espiritual.


Dios muestra misericordia perdonando, pero también enseñando y corrigiendo. La misma idea que dijo en el Salmo 119:88 Vivifícame conforme a tu misericordia, Y guardaré los testimonios de tu boca. Una misericordia que nunca instruye produce creyentes frágiles. Una enseñanza sin misericordia produce legalistas. Dios une ambas.


A veces Dios es misericordioso al decir “no”, al cerrar puertas o al corregirnos. Si en eso no enseña Sus estatutos, nos está tratando con amor. 


V. 125. “Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios.”

La mente necesita luz; el corazón necesita sumisión a Dios.


Tu siervo soy yo. El salmista se presenta con humildad: pertenece a Dios, vive bajo su autoridad, y está dispuesto a obedecer. No llega como consumidor, sino como siervo.


Dame entendimiento. “Entendimiento” es capacidad de discernir y aplicar. No es solo inteligencia, es sabiduría espiritual, ya el salmista lo había pedido en el Salmo 119:18 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. No es que la Biblia sea oscura en sí misma, sino que el pecado oscurece el corazón. Por eso necesitamos al Espíritu, para comprender la Palabra.


Para conocer tus testimonios. Los “testimonios” son las declaraciones confiables de Dios: su verdad revelada, su carácter, su voluntad. El propósito del entendimiento es conocer la Palabra con obediencia. 


Vv. 126-128. Mi guerra

V. 126. “Tiempo es (Ya es hora) de actuar, oh Jehová, porque han invalidado (quebrantado) tu ley.”

El salmista clama por intervención divina cuando la verdad es despreciada. No pide venganza personal, sino que Dios defienda la honra de Su Palabra. 


Tiempo es de actuar, oh Jehová. El salmista discierne un momento crítico: la impiedad se ha vuelto abierta, sistemática, desafiante. No es un error accidental; es una rebelión continua. Esta frase muestra que hay circunstancias donde el silencio ya no es prudencia, sino peligro espiritual. El salmista apela al Señor como Juez. Vemos clamores parecidos en el Salmo 9:19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti, y en el Salmo 7:6 Levántate, oh Jehová, en tu ira; álzate en contra de la furia de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio que mandaste.


Porque han invalidado tu ley. Invalidar’ viene del hebreo <pārar> (Strong H6565), que significa romper, frustrar, invalidar, anular, deshacer. Es tratar la ley de Dios como si no tuviera autoridad. Señala que la gente no solo desobedece, sino que trata la Ley de Dios como si pudiera “anularse”. Es exactamente lo que el pecado hace: reemplaza la autoridad divina por la autonomía humana, romo dice Romanos 1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén, y como en Isaías 5:20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!


El salmista se duele por algo mayor que su comodidad: le duele que el nombre de Dios sea deshonrado. El centro de la vida cristiana es la gloria de Dios. Cuando la ley es pisoteada, el siervo clama por el honor del Rey. Esto es un celo santo, como el de Jesús cuando purificó el templo en Juan 2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.


V. 127. “Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro.”

La respuesta del salmista cuando otros “invalidan” la ley, es que no se enfría: sino que ama más la Palabra.


Por eso he amado tus mandamientos. El “por eso” conecta con el versículo anterior: Es Porque muchos desprecian la ley (119:126), que el salmista se aferra y la ama con más determinación.


El salmista no dice de los mandamientos “los obedezco”, sino “los amo”, como lo dijo en el Salmo 119:97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación.


Más que el oro, y más que oro muy puro. El oro representa lo más valioso, seguro y deseable en lo material. “Oro muy puro” intensifica: lo mejor de lo mejor. El salmista afirma que la Palabra vale más que la máxima riqueza de este mundo, como también lo dijo David en el Salmo 19:10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 


V. 128.  “Por eso estimé (considero) rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí (no soporto) todo camino de mentira.”

El salmista tiene la convicción total sobre la rectitud de la Palabra, ya determinación de separarse moralmente del engaño. 



Por eso estimé rectos todos tus mandamientos. El “por eso” vuelve a conectar lo dicho anteriormente, sobre el hecho de que muchos han invalidado la ley de Dios. Pero el salmista ama la ley, y ahora declara que todo lo que Dios manda es recto, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.



Sobre todas las cosas. El salmista declara que La Palabra de Dios tiene supremacía. Está por encima de su opinión o experiencia personal, de la cultura en la que vive, de la conveniencia personal, de la tradición heredada o de la presión social.


Y aborrecí todo camino de mentira. El resultado práctico de considerar la Palabra como autoridad máxima, no es solo amar la verdad; sino rechaza el engaño.


“Camino” es estilo de vida. No habla de un tropiezo ocasional, sino de rutas, patrones, hábitos. Este aborrecimiento a lo malo, también lo encontramos en la despedida de Pablo a la iglesia de Roma, en Romanos 12:9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amar la verdad inevitablemente produce odio al error.


Conclusión. Ser siervo en tiempos de apostasía exige validar la Palabra audible y visiblemente. Mediante la integridad y el sacrificio de alabanza, el creyente actúa como luz, glorificando al Rey mientras el mundo intenta anular Su autoridad. Nuestra función primordial es ser testimonios vivos y fieles de la soberana justicia de Dios.

Salmo 119:129-136 Mi Resplandor

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