martes, 30 de diciembre de 2025

Salmo 119:89-96 Mi Delicia

 


Mi Delicia

Salmo 119:89-96


Objetivo: Desarrollar nuestra confianza en la fidelidad de nuestro Dios, aprendiendo a deleitarnos en Su palabra (1 Cor. 1:4-9).


Versículo para atesorar:Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido.Salmo 119:92


Introducción: En esta duodécima estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Lamed (ל), el salmista afirma que la Palabra de Dios como eterna, estable y soberana. Este orden es vital, pues la confianza en la fidelidad del Dios del pacto en medio del sufrimiento solo es posible si se ancla en la verdad inmutable de que la voz de Dios gobierna desde los cielos. 


V. 89. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos.”

Para siempre. El salmista comienza su declaración anunciando que la verdad de Dios no caduca, como dice Isaías 40:8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.


Oh Jehová. El salmista invoca el nombre del pacto: el Dios personal, fiel, que se compromete con su pueblo. La eternidad de la Palabra no es fría: es la voz del Señor del pacto.


Permanece tu palabra. ‘Permanece’ implica firmeza, estabilidad, permanencia sin alteración. Lo que Dios dijo sigue en pie, como Jesús dijo en Mateo 24:35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


En los cielos. No significa que la Escritura esté físicamente en el cielo, sino que la Palabra está entronizada, establecida en la esfera del gobierno de Dios. Es decir: la Palabra es tan firme como el trono del Rey, como dice el Salmo 19:1 Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.


V. 90. “De generación en generación es tu fidelidad; tú afirmaste la tierra, y subsiste.”

De generación en generación es tu fidelidad. La fidelidad de Dios se ve en la historia y en la creación. La fidelidad de Dios no es un evento aislado, es un patrón continuo. Cada generación de creyentes puede testificar lo mismo: Dios cumple lo que promete, como dice Deuteronomio 7:9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones.


Tú afirmaste la tierra, y subsiste. “Afirmaste” implica que Dios la estableció, la fijó con propósito y orden. La creación no es accidente, es obra intencional del Creador, como dice el Salmo 33:9 Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió. Dios la sostiene la tierra, no solo la creó, también la preserva, como dice Colosenses 1:17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.


V. 91. “Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven.”

Todo subsiste por decreto divino y todo está al servicio de Dios. “Ordenación” es la idea de un decreto, un mandato establecido por Dios. No es que el universo funcione solo, funciona porque Dios lo gobierna.


Podemos deducir que, si Dios ha ordenado el curso del cosmos, también gobierna los detalles de nuestra vida, incluso los que no entendemos. Dios no solo inició nuestra vida espiritual, también la sostiene. La gracia que salva es la gracia que preserva.


Toda la creación, toda circunstancia, toda autoridad, todo evento está subordinado a Dios y cumple su propósito, aun cuando el hombre tenga intenciones malas, por lo tanto, tus pruebas no son “rebeldía del universo”, están bajo el gobierno santo de Dios, y Él las usa para santificarte y glorificarse.


V. 92. “Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido.”

La doctrina no es solo para la mente, es para sobrevivir espiritualmente en el dolor, ya que “perecido” puede incluir: colapso interior, desesperanza, pérdida de dirección, rendirse, quebranto espiritual.


La Palabra de Dios se vuelve delicia presente al siervo, y esa delicia lo sostiene en la aflicción. La “Ley” es la instrucción de Dios, su Palabra revelada, mientras que “Delicia”, no es solo gusto emocional o temporal, es una satisfacción profunda de relacionarse con Dios, como dice el Salmo 1:2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.


V. 93. “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado.”

El sirvo se compromete en gratitud humilde: “Nunca jamás me olvidaré”. Dios lo vivificó por medio de sus mandamientos. En tiempos de aflicción, la memoria bíblica no es lujo; es supervivencia espiritual. El siervo persevera recordando lo que Dios ha dicho, porque allí encuentra vida.


En el v. 92 el salmista dijo que la Palabra fue su delicia y lo libró de perecer en la aflicción. Ahora responde con una resolución firme: no olvidar, porque la Palabra fue el medio por el cual Dios le dio vida y lo sostuvo.


V. 94. “Tuyo soy yo, sálvame, porque he buscado tus mandamientos.”

Tuyo soy yo, sálvame. Una vez vivificado, el salmista se expresa en identidad y dependencia: “Soy tuyo” y por eso “sálvame”.


Esta es una confesión de pertenencia y pacto. No es solo “creo en Dios”, sino “le pertenezco”, como dice 1 Corintios 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.


Porque he buscado tus mandamientos. La obediencia no es la base de su salvación, es la evidencia de que pertenece a Dios. El salmista no dice “porque los cumplí sin fallar”, sino “porque los he buscado”. Esto habla de un corazón que anhela a Dios, como dijo el salmista en el Salmo 119:2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan. El que es de Dios busca su voluntad. La búsqueda no compra la salvación, la acompaña.


V. 95. “Los impíos me han aguardado para destruirme; mas yo consideraré tus testimonios.”

Los impíos me han aguardado para destruirme. El Salmista describe el peligro que lo rodea: enemigos reales y malvados que desean destruirlo; es decir, arruinar su vida, su reputación, su seguridad, incluso buscan su muerte. 


Mas yo consideraré tus testimonios. Pero la respuesta del creyente no es pánico, sino enfoque: “consideraré tus testimonios”. Cuando el peligro sube, muchos corren a rumores, teorías, miedo o venganza. El salmista corre a la Palabra y piensa con sobriedad.


V. 96. “A toda perfección he visto fin; amplio sobremanera es tu mandamiento.”

A toda perfección he visto fin. Ahora el salmista termina con un contraste: todo lo humano, aun lo excelente, es limitado, pero el mandamiento de Dios es inmenso, sin fronteras.


“Perfección” aquí puede referirse a lo mejor que el hombre puede producir o alcanzar: logros, sabiduría, belleza, poder, planes, sistemas, fama, salud, incluso estructuras religiosas externas. El salmista dice: a todo eso le he visto “fin”, límite, frontera, como también dijo Salomón en Eclesiastés 1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.


Lo que hoy parece “perfecto” mañana se desgasta. Si nuestra esperanza descansa en lo temporal, inevitablemente nos va a fallar.


Amplio sobremanera es tu mandamiento. Aquí “mandamiento” representa la Palabra de Dios como norma y camino. “Amplio” significa que su alcance es vasto: cubre toda la vida, no solo lo religioso, llega al corazón, no solo a la conducta, aplica en toda circunstancia, no solo en tiempos fáciles


Conclusión. La eternidad y soberanía de la Palabra de Dios el fundamento de nuestra supervivencia espiritual. La fidelidad de Dios, manifestada en la creación, se convierte en un deleite personal que sostiene al siervo en la más profunda aflicción, dándole una razón para perseverar y un fundamento para clamar..

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