lunes, 26 de enero de 2026

Salmo 119:121-128 Mi Función



Mi Función

Salmo 119:121-128


Objetivo: Entender que es tiempo de actuar como siervos de Dios, validando la Palabra de Su Justicia a través de nuestra vida.


Versículo para atesorar:Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley.Salmo 119:126


Introducción: En esta decimosexta estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Ayin (ע), el salmista apela a la justicia divina desde una identidad de siervo. No reclama mérito salvífico, sino que presenta su integridad como evidencia de la gracia. Ante la opresión, busca la intervención de Dios para validar Su Palabra mediante una vida de sincera obediencia y rectitud.


Vv. 121-122. Mis opresores

V. 121. “Juicio y justicia he hecho; no me abandones a (no me dejes en manos de) mis opresores (enemigos).”

Juicio y justicia he hecho. “Juicio” aquí es la idea de actuar con rectitud en decisiones y con un estándar correcto, mientras que “justicia” es la práctica de lo que es recto y conforme a lo bueno. El salmista afirma que su vida no es una vida de engaño o abuso, sino de integridad.


Esto no significa que el salmista pretenda justicia propia para justificarse ante Dios. Más bien, es el fruto visible de una vida bajo la Palabra, como dice Proverbios 10:9 El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Los siervos de Dios pueden apelar a su integridad como evidencia de una conciencia limpia, no como mérito.


No me abandones a mis opresores. La palabra “opresores” describe a quienes abusan, aplastan, explotan o persiguen. En esta petición el salmista reconoce una verdad clave: si Dios retira su amparo, el justo queda vulnerable. Es la misma petición que hace el Rey David en el Salmo 27:12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Dios no es indiferente a la opresión. A veces permite pruebas, pero nunca abandona a los suyos en el sentido de desamparo final, como dice el Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.


Integridad no es perfección, es sinceridad obediente. El salmista no está diciendo: “merece que me salves de mis opresores porque soy bueno”. Está diciendo: “Señor, tú sabes que he procurado justicia. Por tanto, sé mi defensor”.


V. 122. “Afianza (Garantiza) a tu siervo para bien; no permitas que los soberbios me opriman (molesten).”

El salmista pide ahora algo más profundo: no solo protección externa, sino estabilidad para hacer el bien y límite a la opresión de los soberbios.


Afianza a tu siervo para bien. “Afianza” es una petición de seguridad, garantía, respaldo. El salmista reconoce: si Dios no lo sostiene, él no podrá mantenerse firme ni hacer el bien. El salmista no ora pidiendo que le sea quitado el problema, sino que sea afianzado para el bien; es decir, pidiendo que, cuando hay presión en trabajo, familia o ministerio, sea guardado de reaccionar en la carne, y no pagar mal por mal (Rom. 12:17), sino que su corazón sea sostenido para responder con verdad y mansedumbre.


Aquí vemos una doctrina preciosa: la perseverancia del creyente es real, pero es por la gracia preservadora de Dios, misma petición que hizo en el Salmo 119:116a Susténtame conforme a tu palabra, y viviré


No permitas que los soberbios me opriman. Los “soberbios” son los que se exaltan contra Dios y, por eso, pisotean a otros. La soberbia horizontal casi siempre nace de una soberbia vertical: rechazan el señorío de Dios y se sienten con derecho a dominar, pero Dios los resiste como dice Santiago 4:6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Dios a veces permite la prueba, pero nunca permite que el mal tenga la última palabra sobre sus hijos.


El salmista no se apoya en su fuerza. Se identifica como “tu siervo”: propiedad del Señor, dependiente del Señor, llamado a obedecer al Señor.


Cristo es el Siervo perfecto. Él fue oprimido por hombres soberbios, pero el Padre vindicó su causa en la resurrección. En Cristo, podemos pedir con confianza: “Afíanzame”, porque Dios te recibe en el Amado.


V. 123. Mi desfallecimiento

V. 123. “Mis ojos desfallecieron (se consumen, se nublan) por tu salvación, y por la palabra (promesa) de tu justicia.”

El salmista describe una espera intensa y prolongada.


Mis ojos desfallecieron por tu salvación. “Desfallecieron” expresa agotamiento, como cuando alguien espera mirando al horizonte hasta cansarse. La imagen es poderosa: la fe puede estar cansada, pero sigue mirando a Dios. El salmista apunta su máximo anhelo: la salvación final, no solo espera lo “saque del problema”, sino la redención completa. Una expresión parecida la encontramos de David en el Salmo 27:13 Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. 


Y por la palabra de tu justicia. El salmista no espera una salvación inventada por sus emociones, sino la que Dios promete. La “palabra de tu justicia” es la Palabra que es recta, fiel, y que declara lo que Dios hará conforme a Su carácter, conforme a lo que Dios ha dicho, como dice Hebreos 10:23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.


En este versículo, el salmista nos enseña que, como siervos, podemos experimentar fatiga real, tristeza real y presión real, sin que eso signifique abandono de Dios. La perseverancia no es “nunca pasar dificultades”, sino seguir esperando. 


Vv. 124-125. Mi capacitación

V. 124. “Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.”

Para el salmista, la misericordia no es solo alivio, es formación.


Haz con tu siervo según tu misericordia. “Tu siervo” expresa pertenencia: el salmista se coloca bajo el señorío de Dios. “Según tu misericordia” es el fundamento: Dios actúa conforme a su carácter compasivo.


Misericordia en el AT suele relacionarse con el amor leal del pacto. No es un “favorcito”, es el compromiso fiel de Dios con los suyos, como dice Lamentaciones 3:22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.


Y enséñame tus estatutos. Notemos el orden: primero pide misericordia, luego enseñanza. Para el siervo, la misericordia de Dios no termina en perdón: continúa en santificación, en disciplina amorosa y en dirección por la Palabra. El salmista no pide solo que se vaya el dolor; pide aprendizaje. Eso es madurez espiritual.


Dios muestra misericordia perdonando, pero también enseñando y corrigiendo. La misma idea que dijo en el Salmo 119:88 Vivifícame conforme a tu misericordia, Y guardaré los testimonios de tu boca. Una misericordia que nunca instruye produce creyentes frágiles. Una enseñanza sin misericordia produce legalistas. Dios une ambas.


A veces Dios es misericordioso al decir “no”, al cerrar puertas o al corregirnos. Si en eso no enseña Sus estatutos, nos está tratando con amor. 


V. 125. “Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios.”

La mente necesita luz; el corazón necesita sumisión a Dios.


Tu siervo soy yo. El salmista se presenta con humildad: pertenece a Dios, vive bajo su autoridad, y está dispuesto a obedecer. No llega como consumidor, sino como siervo.


Dame entendimiento. “Entendimiento” es capacidad de discernir y aplicar. No es solo inteligencia, es sabiduría espiritual, ya el salmista lo había pedido en el Salmo 119:18 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. No es que la Biblia sea oscura en sí misma, sino que el pecado oscurece el corazón. Por eso necesitamos al Espíritu, para comprender la Palabra.


Para conocer tus testimonios. Los “testimonios” son las declaraciones confiables de Dios: su verdad revelada, su carácter, su voluntad. El propósito del entendimiento es conocer la Palabra con obediencia. 


Vv. 126-128. Mi guerra

V. 126. “Tiempo es (Ya es hora) de actuar, oh Jehová, porque han invalidado (quebrantado) tu ley.”

El salmista clama por intervención divina cuando la verdad es despreciada. No pide venganza personal, sino que Dios defienda la honra de Su Palabra. 


Tiempo es de actuar, oh Jehová. El salmista discierne un momento crítico: la impiedad se ha vuelto abierta, sistemática, desafiante. No es un error accidental; es una rebelión continua. Esta frase muestra que hay circunstancias donde el silencio ya no es prudencia, sino peligro espiritual. El salmista apela al Señor como Juez. Vemos clamores parecidos en el Salmo 9:19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti, y en el Salmo 7:6 Levántate, oh Jehová, en tu ira; álzate en contra de la furia de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio que mandaste.


Porque han invalidado tu ley. Invalidar’ viene del hebreo <pārar> (Strong H6565), que significa romper, frustrar, invalidar, anular, deshacer. Es tratar la ley de Dios como si no tuviera autoridad. Señala que la gente no solo desobedece, sino que trata la Ley de Dios como si pudiera “anularse”. Es exactamente lo que el pecado hace: reemplaza la autoridad divina por la autonomía humana, romo dice Romanos 1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén, y como en Isaías 5:20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!


El salmista se duele por algo mayor que su comodidad: le duele que el nombre de Dios sea deshonrado. El centro de la vida cristiana es la gloria de Dios. Cuando la ley es pisoteada, el siervo clama por el honor del Rey. Esto es un celo santo, como el de Jesús cuando purificó el templo en Juan 2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.


V. 127. “Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro.”

La respuesta del salmista cuando otros “invalidan” la ley, es que no se enfría: sino que ama más la Palabra.


Por eso he amado tus mandamientos. El “por eso” conecta con el versículo anterior: Es Porque muchos desprecian la ley (119:126), que el salmista se aferra y la ama con más determinación.


El salmista no dice de los mandamientos “los obedezco”, sino “los amo”, como lo dijo en el Salmo 119:97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación.


Más que el oro, y más que oro muy puro. El oro representa lo más valioso, seguro y deseable en lo material. “Oro muy puro” intensifica: lo mejor de lo mejor. El salmista afirma que la Palabra vale más que la máxima riqueza de este mundo, como también lo dijo David en el Salmo 19:10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 


V. 128.  “Por eso estimé (considero) rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí (no soporto) todo camino de mentira.”

El salmista tiene la convicción total sobre la rectitud de la Palabra, ya determinación de separarse moralmente del engaño. 



Por eso estimé rectos todos tus mandamientos. El “por eso” vuelve a conectar lo dicho anteriormente, sobre el hecho de que muchos han invalidado la ley de Dios. Pero el salmista ama la ley, y ahora declara que todo lo que Dios manda es recto, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.



Sobre todas las cosas. El salmista declara que La Palabra de Dios tiene supremacía. Está por encima de su opinión o experiencia personal, de la cultura en la que vive, de la conveniencia personal, de la tradición heredada o de la presión social.


Y aborrecí todo camino de mentira. El resultado práctico de considerar la Palabra como autoridad máxima, no es solo amar la verdad; sino rechaza el engaño.


“Camino” es estilo de vida. No habla de un tropiezo ocasional, sino de rutas, patrones, hábitos. Este aborrecimiento a lo malo, también lo encontramos en la despedida de Pablo a la iglesia de Roma, en Romanos 12:9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amar la verdad inevitablemente produce odio al error.


Conclusión. Ser siervo en tiempos de apostasía exige validar la Palabra audible y visiblemente. Mediante la integridad y el sacrificio de alabanza, el creyente actúa como luz, glorificando al Rey mientras el mundo intenta anular Su autoridad. Nuestra función primordial es ser testimonios vivos y fieles de la soberana justicia de Dios.

lunes, 19 de enero de 2026

Salmo 119:113-120 Mi Refugio

 


Mi Refugio

Salmo 119:113-120


Objetivo: Correr a Su Palabra para refugiarnos en contra de la hipocresía y la falsedad religiosa. 


Versículo para atesorar:Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado.Salmo 119:114


Introducción: En esta decimoquinta estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Sámec (ס), el salmista contrasta el doble ánimo con la obediencia. Busca refugio en Dios, espera en Su Palabra, y teme reverentemente Sus juicios.


Vv. 113-114. Pon tu esperanza en el Señor

V. 113. “Aborrezco a los hombres hipócritas (de doble ánimo); mas amo tu ley.”

El salmista presenta un contraste moral y espiritual, por un lado, rechazo al doble ánimo, lo dividido, lo hipócrita; y por el otro lado el amor a la ley del Señor, Su instrucción, Su verdad.


Aborrezco a los hombres hipócritas. La palabra ‘hipócrita’ viene del hebreo <sê‘ăp̄îm> (Strong H5588), que tiene el sentido de “los de mente dividida, dobles, vacilantes, de corazón partido, gente de doble ánimo”. Describe a personas con lealtad dividida: por un lado, aparentan caminar con Dios, por otro no se entregan a Él. Aquellos que son una persona en la iglesia y otra en casa, los que usan palabras cristianas para cubrir desobediencia, y que les preocupa más la reputación que la santidad.


El concepto bíblico de doble ánimo también está descrito en Santiago 1:8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. La misma idea de vacilar entre dos posturas ante Dios, también está en el Antiguo Testamento, fue pronunciada por el profeta Elías en el monte Carmelo. Elías se dirige al pueblo de Israel en el monte Carmelo, en el enfrentamiento contra los profetas de Baal, llamándolos a dejar la doble lealtad y decidirse solo al Dios verdadero, descrita en 1 Reyes 18:21 ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?


El salmista rechaza el camino de la hipocresía, no quiere en su vida ese doble ánimo porque es incompatible con la fidelidad a Dios. Es una declaración de lealtad, es un hombre que quiere ser apartado por la verdad como Jesús pidió al Padre en Juan 17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 


Mas amo tu ley. El salmista declara amar la instrucción de Dios, Su enseñanza para vivir, no se queda en lo negativo, su amor se orienta a la Palabra de Dios, como ya lo había mencionado en el Salmo 119:97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación.


Como el salmista ama la verdad, por lo tanto, rechaza todo engaño. La santidad implica separación del pecado. Debemos elegir nuestras compañías con discernimiento, no para aislarnos, sino para evitar una mala influencia, como dice 1 Corintios 15:33 Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres, así como el Salmo 1:1-2 bienaventurado el que no anda en consejo de malos. 


V. 114. “Mi escondedero (refugio) y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado (puesto mi esperanza).”

El salmista muestra una fe práctica: no solo “cree” en Dios, sino que se esconde en Él y espera en Su Palabra.


Mi escondedero y mi escudo eres tú. Mi escondedero’ viene del hebreo <sitrí>, (Strong H5643), que significa refugio, lugar secreto, escondite, amparo. Tiene la idea de un lugar donde el siervo de Dios se resguarda cuando hay peligro, como en el Salmo 32:7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia. Mientras que ‘mi escudo’ es <maginí> (Strong H4043), que significa escudo, defensa, protección, como en el Salmo 3:3 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí.


Dios no solo nos “esconde”, también interpone Su poder frente al ataque como un escudo.


En tu palabra he esperado. El salmista no se esconde en sus recursos, habilidades o amistades, sino que pone su confianza en lo que Dios ha dicho y prometido, esperando con paciencia.


La forma en la que Dios nos refugia y nos protege es fortaleciendo el corazón por medio de la Palabra.


Su Palabra es el “ancla” que sostiene nuestra alma para evitar el doble ánimo en nuestros caminos. 


V. 115. Corta las ataduras

V. 115. “Apartaos de mí, malignos (malechores), pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.”

El salmista sabe que la santidad, requiere decisiones concretas, y usa dos frases conectadas por causa y efecto: Separación: “Apartaos de mí, malignos” y Propósito: “Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.”


Apartaos de mí, malignos. Apartaos’ viene de la palabra hebrea <sûr> (Strong H4593), que significa apartarse, retirarse, desviarse, quitarse del camino. Como si el salmista dijera “retírense, no me estorben en la obediencia”. El salmista entiende que ciertas compañías, consejos y ambientes debilitan la obediencia. Este principio lo vemos también como un consejo de Pablo a Timoteo en 2 Timoteo 2:19b Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 


La palabra ‘malignos’ viene de <merê‘îm> (Strong H7489), que significa malo, perverso, dañino. Tiene el sentido “los que hacen el mal”, “hacedores de iniquidad”, misma petición del Salmo 6:8 Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad, así como en el Nuevo testamento, en Efesios 5:11 Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas.


Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. El propósito de ese alejamiento no busca un aislamiento social, ni se aleja por creerse mejor que los malignos, sino no participar ni permitir que el mal gobierne su corazón, ya que ha determinado guardar los mandamientos de su Dios. Cuando dice “de mi Dios”, muestra pertenencia, comunión y amor reverente.


Siempre primero viene la relación con Dios y luego la obediencia como una respuesta, este principio lo vemos desde los 10 mandamientos donde primero dice Dios en Éxodo 20:1-2 1Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre, y luego vienen los mandamientos. 


Esos “malignos” que quieren alejarnos de nuestra relación con Dios, pueden no ser personas específicas, sino influencias, como las redes sociales, algún tipo de música, malos hábitos que no hemos querido dejar, o malas amistades, o si pueden ser personas con las que nos relacionamos seguido, incluso en la Iglesia, y sobre ellas Pablo advirtió en 1 Corintios 5:11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.


Vv. 116-117. Aprende a vivir continuamente consciente de la Palabra de Dios

V. 116. “Susténtame (dame fuerza) conforme a tu palabra, y viviré; y no quede yo avergonzado (defraudado) de mi esperanza.”

El salmista reconoce algo crucial: para perseverar no basta la fuerza humana. Necesita que Dios lo sostenga por medio de Su Palabra, para vivir y no ser avergonzado.


Susténtame. La palabra ‘susténtame’ viene de la palabra hebrea <sāmakh> (Strong H5564), que significa, sostener, apoyar, afirmar, mantener en pie. No es solo “ayúdame un poquito”, es “sostenme para no caer”.


Conforme a tu palabra, y viviré. En este contexto, subraya la promesa de Dios como base para ser sostenido y vivir avanzando en obediencia, como ya lo ha declarado antes en el Salmo 119:50b … Porque tu dicho me ha vivificado. El salmista no se apoya en su voluntad, sino en la fidelidad de Dios.


Y no quede yo avergonzado de mi esperanza. “Vergüenza” en la Biblia se asocia a expectativa frustrada o a quedar expuesto por una confianza equivocada. El salmista pide no ser humillado por esperar en Dios; lo cual, si confiamos en Cristo y nos refugiamos en Su Palabra, no sucederá como dice Romanos 5:5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado, y en Colosenses 1:27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, no seremos avergonzados. 


Que importante es alimentar nuestra esperanza con promesas específicas de Dios en Su Palabra como:

Isaías 41:10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

2 Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 


V. 117. “Sosténme (Ayúdame), y seré salvo, y me regocijaré (deleitaré) siempre en tus estatutos.”

Sosténme, y seré salvo. El salmista reconoce que la perseverancia no depende de su fuerza, sino del sostén de Dios. Recordemos que Dios no solo inicia la obra, también preserva a los Suyos. ‘Sosténme’, es la misma palabra en hebreo que ‘susténtame’ del versículo anterior. Es la mano de Dios que lo salva, que lo guarda, que lo preserva, evitando que el siervo caiga, como dice Judas 1:24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría.


Y me regocijaré siempre en tus estatutos. El sustento de Dios produce un gozo estable en Su Palabra como un decreto firme, establecido, como ya había dicho el salmista en el Salmo 119:111 Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, Porque son el gozo de mi corazón, este gozo puede darse en medio de la aflicción como dice 2 Corintios 6:10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.

V. 118. Deja de engañarte a ti mismo

V. 118. “Hollaste (Rechazas) a todos los que se desvían de tus estatutos, porque su astucia es falsedad (engaño).”

Dios sostiene y preserva al creyente (v.116-117), pero Dios también juzga y rechaza al rebelde que desprecia Sus estatutos. Dios es ayudador con los suyos, pero es justo contra los que persisten en desviarse.


Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos. La palabra ‘hollaste’ viene de la palabra hebrea <sālāh> (Strong H5540), que significa desechar, despreciar, rechazar, tratar como indigno. Habla de rechazar con juicio. La palabra ‘desvían’ viene de la palabra hebrea <shāgāh> (Strong H7686), que significa extraviarse, errar, desviarse, vagar fuera del camino. En Salmo 119 esta palabra suele describir al que abandona la verdad revelada, no un simple error inocente, sino un camino de extravío.


Porque su astucia es falsedad. La astucia de la que habla el salmista, describe una “habilidad” usada para torcer la verdad en los negocios, manipular emocionalmente a sus familiares, aparentar santidad o justificar pecado. La frase completa “su astucia es falsedad” significa: su “inteligencia” es un engaño, su estrategia es mentira, su vida está edificada sobre lo falso. El rebelde rara vez dice: “amo el mal”. Normalmente fabrica excusas: “Dios entiende”; “todos lo hacen”; “mi caso es diferente”; “es mi verdad.”


Pidámosle a Dios que nos libere del autoengaño, como hizo el Salmista en el Salmo 139:23-24 23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; 24Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. 


Vv. 119-120. Crece en el temor de Dios

V. 119. “Como escorias (basura) hiciste consumir a todos los impíos (malvados) de la tierra; por tanto, yo he amado tus testimonios.”

El salmista declara que ver la justicia de Dios no enfría su corazón, lo despierta a amar más la verdad.


Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra. Escorias son las impurezas, los residuos del metal que se separan en el fuego al refinar. La imagen es de refinación: lo inútil e impuro se aparta y se desecha. Con “consumir” la idea es quitar, eliminar, hacer desaparecer, como se separa la escoria al fundir metal. Presenta el juicio como un acto de Dios que purga lo impuro, ya que Dios es fuego purificador como dice Malaquías 3:2-3 2¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. 3Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia.


‘Impio’, habla de un malvado, el que vive en oposición a Dios, no es “alguien imperfecto” (todos lo somos), sino alguien que persiste en rebeldía sin arrepentimiento.


Por tanto, yo he amado tus testimonios. Ver el juicio de Dios debe produce amor por la Palabra. Como si el salmista dijera: “Si Dios es tan santo y tan justo, entonces yo abrazo con más fuerza su verdad.” Ya que, con temor de Dios, los hombres se apartan del mal, como dice Proverbios 16:6 Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. 


V. 120. “Mi carne se ha estremecido (tiembla) por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo (siento reverencia).”

El salmista nos muestra la reacción apropiada ante la santidad de Dios: no lo toma a la ligereza, sino con temblor reverente. Un temor que nace de reconocer quién es Dios y qué significa Su justicia. 


Mi carne se ha estremecido por temor de ti. El salmista dice que su reacción no es solo mental, es física, en su carne: su ser entero se estremece. La presencia y majestad de Dios le producen reverencia profunda, un escalofrío santo al tomar conciencia de estar delante del Dios santo. Y eso es el principio de la sabiduría, como dice Proverbios 1:8 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.


Y de tus juicios tengo miedo. Los juicios de Dios forman la conciencia, es como si el salmista dijera “No quiero vivir jugando con el pecado porque sé que Dios juzga con justicia.” Y ciertamente un día compareceremos Sus hijos ante el tribunal de Cristo, como dice 2 Corintios 5:10-11 10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 11Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias.


El siervo tiembla ante el juicio, pero descansa en Cristo, quien llevó la ira por su pueblo, como dice Isaías 53:5-6 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros, y quien le justifica como dice Romanos 3:26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.


Conclusión. El siervo rechaza el doble ánimo y se aparta del mal para obedecer. Confiesa su debilidad y pide que Dios lo sostenga por Su Palabra. Al ver la justicia del Señor contra el impío, ama más Sus testimonios y tiembla con temor reverente.

Salmo 119:121-128 Mi Función

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