lunes, 9 de febrero de 2026

Salmo 119:137-144 Mi Justicia

 


Mi Justicia

Salmo 119:137-144


Objetivo: Entender la justicia eterna de nuestro Dios para vivir sirviéndole firmemente en la verdad.


Versículo para atesorar:Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.Salmo 119:142


Introducción: En esta decimoctava estrofa del Salmo 119, marcada por la letra hebrea Tsade (צ), el salmista mira primero al carácter justo y recto de Dios. Desde la certeza de la justicia divina, afirma la pureza de la Palabra, hallando deleite y vida en ella a pesar de la angustia o el desprecio.


V. 137. “Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios (sentencias).”

El salmista se afirma en una roca: Dios es justo, y todo lo que Él determina es recto.


Justo eres tú, oh Jehová. Justo’, viene de la palabra hebrea <tsaddîq> (Strong H6662), que significa justo, recto, conforme al estándar perfecto; sin culpa. El salmista confiesa que la justicia no es una idea abstracta: es un atributo del Señor como dice Deuteronomio 32:4 Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto, y en el Salmo 145:17 Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.


Y rectos tus juicios. “Juicios” aquí no solo significa castigos, sino decisiones, veredictos, sentencias, ordenanzas. Mientras que ‘rectos’ viene de <yāshār> (Strong H3477), que significa recto, derecho, correcto, sin desviación. Todo lo que Dios evalúa y determina es “recto”, sin torcedura, como dice el Salmo 19:9b …los juicios de Jehová son verdad, todos justos.


Aquí se nota la fe madura del siervo: creer que Dios es recto incluso cuando el camino es oscuro. Los juicios de Dios son rectos, aunque nos duelan, como Job que no atribuyó despropósito a lo que Dios hizo en su vida como dice Job 1:21-22 21y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. 22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.


Cuando un siervo de Dios no entiende algo, siempre debe comenzar por esto: Dios no es injusto y no puede hacer injusticia.


V. 138. “Tus testimonios, que has recomendado (dado, ordenado), son rectos y muy fieles (dignos de confianza).”

El siervo ahora afirma que esa justicia se ve en lo que Dios ha declarado: sus testimonios.


Tus testimonios. Los “testimonios” son las declaraciones de Dios acerca de su carácter, su voluntad y su camino. Dios “testifica” y nosotros respondemos con fe y obediencia, como dice el Salmo 19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.


Que has recomendado.Recomendado’ viene de la palabra hebrea <tsāvāh> (Strong H6680) que significa mandar, ordenar, dar encargo con autoridad. La idea es que Dios no solo dio su Palabra, sino que la encargó con autoridad. La Escritura no se ofrece como sugerencia; se ordena como norma, como dijo en Deuteronomio 6:6-9 6Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Por eso es que la Escritura gobierna a la iglesia, no al revés. No evaluamos la Biblia; la Biblia nos evalúa.


Son rectos. Lo que Dios manda es derecho y justo, como dice el Salmo 19:8a Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón… La Biblia no tuerce la realidad, la endereza. Lo recto de Dios corrige lo torcido del hombre. Dios no solo es justo en su ser, también lo es en lo que habla y manda. Sus testimonios son “rectos” porque proceden de un Dios recto (v.137).


Y muy fieles. Aquí se afirma su confiabilidad absoluta. “Muy fieles” significa firmes, dignos de confianza, constantes, sin engaño, porque es imposible que Dios mienta, como dice Hebreos 6:18b … es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. En tiempos de presión, la certeza no está en nuestras emociones, sino en un Dios que no miente. La Palabra es “muy fiel” cuando el mundo es inestable, como Jesús dijo en Mateo 24:35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


V. 139. “Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos se olvidaron de (pasan por alto) tus palabras.”

El salmista reacciona con un celo santo al ver que otros desprecian la Palabra.


Mi celo me ha consumido. Celo’ viene de la palabra hebrea <qin’āh> (Strong H7068), que significa celo, ardor, pasión intensa; a veces celos, pero aquí es celo por Dios. No es envidia ni coraje carnal/humano. Es ardor por la gloria de Dios, dolor porque su verdad es ignorada. 


Me ha consumido’ viene del hebreo <tsāmat> (Strong H6789), que significa destruir, consumir, acabar; reducir. Describe algo intenso, que le quema por dentro, como dice el Salmo 69:9a Porque me consumió el celo de tu casa… los discípulos aplican ese texto a Jesús cuando limpia el templo (Jn. 2:17).


Al siervo que ama a Dios, le duele cuando su Palabra es tratada como irrelevante. El celo nace de la adoración. El celo santo ama la santidad de Dios y también busca el bien del prójimo. No es solo “ganar discusiones”, ya que el celo santo: nos debe lleva a orar, a hablar con mansedumbre, a vivir en obediencia. Mientras que el enojo carnal: nos vuelve ásperos, orgullosos, hirientes.


Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. “Olvidarse” aquí no es de que lo olvidaron de su memoria. Es vivir como si Dios no hubiera hablado. Es descuido culpable, desprecio práctico. Habla de aquellos que han invalidado la ley (Sal. 119:126), de los que no guardaban la ley de Dios (Sal. 119:136). Cuando la Escritura se “olvida”, se abre la puerta a reemplazarla con emociones, cultura o conveniencia. Por eso el salmista se consume: sabe el daño que viene.


V. 140. “Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.”

El salmista explica por qué ama la Escritura: porque es pura, sin mezcla, sin engaño, sin contaminación.


Sumamente pura es tu palabra. La frase expresa una pureza intensificada: refinada, probada, sin impurezas. La Palabra no tiene “tóxicos” morales, no engaña, no manipula, no se contradice. Es limpia y segura, como dice el Salmo 12:6 Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.


Dios es santo, por eso Su Palabra es limpia. La Biblia no necesita “limpieza” humana. Lo que es puro produce pureza en quien lo recibe con fe, como Jesús dijo en Juan 15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.


Y la ama tu siervo. El amor a la Palabra no es solo emoción, es evidencia de haber nacido de nuevo. En el Salmo 119, amar la Palabra implica: Deleitarse en ella, guardarla, ponerla por encima de todas las cosas, obedecerla.


La obediencia a la Palabra nace del amor a la pureza de Dios, como ya dijo en el Salmo 119:97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación. La Palabra nos limpia cuando el mundo nos ensucia con las redes sociales, música, amistades, series, porque todo trae “mezclas”. La Biblia es un filtro y produce una limpieza espiritual.


V. 141. “Pequeño (insignificante) soy yo, y desechado (despreciado), mas no me he olvidado de tus mandamientos.”

El salmista confiesa su condición social y emocional: se siente insignificante y despreciado, pero su fidelidad a la Palabra permanece.


Pequeño soy yo, y desechado. No habla de estatura o edad. “Pequeño” expresa humildad, insignificancia a los ojos de otros, poca importancia en la escala del mundo, mientras que “desechado” es despreciado, rechazado, tratado como si no valiera. Puede implicar burla, marginación, rechazo por la fe o por la fidelidad a la verdad.


Así pasó con David como cuando Dios envió a Samuel a Belén, a la casa de Isaí, para ungir al próximo rey. Samuel ve a Eliab, el hermano mayor de David y piensa que es el escogido por su porte, pero Dios lo corrige en 1 Samuel 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Finalmente, traen al joven David, el menor, que estaba cuidando ovejas, y Dios lo elige y lo unge como rey (1 Sam 16:11-13).


Pablo también menciona este concepto en 1 Corintios 1:27-29 27sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia.


Mas no me he olvidado de tus mandamientos. El rechazo no vuelve al salmista alguien amargado, ni lo hace negociar la verdad, ya que su fidelidad no depende de aprobación humana, y más bien, repite lo que ya dijo en el Salmo 119:16 Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.


El siervo de Dios no buscar agradar a los hombres, para ellos puede ser “pequeño y desechado”, pero sabe que le pertenece al Dios justo. La aprobación definitiva viene del Señor, como dice Gálatas 1:10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.


Cristo es el ejemplo supremo del “desechado fiel”. Jesús fue despreciado y rechazado, pero guardó perfectamente la voluntad del Padre, como dice 1 Pedro 2:21-23 21Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.


V. 142. “Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.”

El salmista declara dos columnas: la justicia de Dios es eterna y su ley es verdad.


Tu justicia es justicia eterna. Justicia’ viene de la palabra hebrea <tsĕdāqāh> (Strong H6666), que significa justicia, rectitud; lo correcto conforme al estándar de Dios. No es una justicia cambiante, cultural o negociable. Es justicia que no se altera con generaciones, no se corrompe, no depende de la opinión humana, como dice el Salmo 90:2 Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Cuando el mundo cambia sus “estándares”, el siervo descansa en que Dios no cambia.


Y tu ley la verdad. La ley de Dios no solo contiene verdad: es verdad. Es la norma objetiva que confronta mentiras del corazón y de la cultura, como Jesús dijo en Juan 17:17b …Tu palabra es verdad.


Al decir el siervo “tu ley la verdad” afirma que la Escritura es la máxima autoridad para nuestra fe y conducta. La iglesia y el creyente deben someterse al texto de la Escritura, no ajustar el texto al gusto del siglo.


Para Sus siervos, la justicia eterna de Dios es Cristo, nuestra esperanza. La cruz muestra justicia perfecta y gracia perfecta como dice Romanos 3:25-26 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.


V. 143. “Aflicción y angustia se han apoderado de mí, mas tus mandamientos fueron mi delicia.”

El salmista muestra cómo esa verdad funciona en la vida real: cuando llegan presión y dolor, la Palabra no se vuelve pesada, se vuelve delicia.


Aflicción y angustia se han apoderado de mí. “Aflicción” habla de adversidad, opresión, tribulación, que describe presión externa, mientras que “angustia” habla de estrechez, ansiedad, sensación de estar encerrado sin salida, lo que nos indica una presión interna.


La frase “se han apoderado” indica que no es un malestar leve, sino algo que lo alcanza y lo oprime, pero recordemos la promesa del Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.


Mas tus mandamientos fueron mi delicia. Aquí está el contraste, el dolor no define el gozo del salmista, sino que encuentra placer real en obedecer a Dios, aun cuando la vida aprieta.


Delicia’ viene del hebreo <sha‘ashu‘im> (Strong H8191), que significa deleites, placeres, lo que da gozo y consuelo. Implica gusto, placer, satisfacción. Es el gozo profundo que nace de confiar en el Dios justo. El salmista ya había mencionado algo parecido en el Salmo 119:92 Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido. La Biblia no promete una vida sin dolor, promete un Dios fiel en el dolor. 


Para el siervo de Dios, la Palabra es alimento, consuelo y dirección en la presión. Dios lo sostiene por la Escritura, Su Espíritu y Su Iglesia.


V. 144. “Justicia eterna son tus testimonios; dame entendimiento, y viviré.”

El salmista vuelve a enfatizar lo que ya declaró (v.142): la justicia de Dios no cambia. Y termina con una petición clave: entendimiento que produce vida.


Justicia eterna son tus testimonios. El salmista une dos ideas:

Los testimonios de Dios no son solo correctos, son justicia eterna.

La Palabra revela el estándar recto de Dios en todo tiempo.


La misma idea la vemos en el Salmo 19:9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos.


Dame entendimiento. No pide solo alivio de la angustia (v.143), sino comprensión espiritual para caminar rectamente. Esta petición muestra humildad: sin la iluminación de Dios, no hay discernimiento real, el salmista ya lo había pedido en el Salmo 119:34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón.


El entendimiento es don de Dios, lo da normalmente por la Escritura predicada, leída y meditada, como dice 1 Corintios 2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.


Y viviré. Aquí “vivir” no es solo respirar. Es vivir en plenitud espiritual: firmeza, obediencia, gozo, perseverancia. Sin entendimiento, el siervo se debilita; con entendimiento, vive, como Jesús dijo en Juan 6:63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.


Conclusión. Internalizar la justicia eterna de Dios otorga estabilidad inquebrantable frente a un mundo cambiante. Esta síntesis de justicia, pureza y entendimiento espiritual nos llama a perseverar con fidelidad. Descansemos en la Verdad, permitiendo que la ley gobierne nuestra alma hasta alcanzar la plenitud de vida prometida en Cristo Jesús.

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