lunes, 29 de junio de 2026

Hechos 3:1-26 La Fe en Su Nombre

 La Fe en Su Nombre

Hechos 3:1-26


Objetivo: Comprobar que la fe en Jesús transforma nuestras vidas, nos llama al arrepentimiento y nos hace partícipes de las promesas que Dios cumplió en Cristo, conforme a las Escrituras.


Versículo para atesorar: “A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.” Hechos 3:26


Introducción: Pedro presentó a la iglesia primitiva perseverando en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. Vivían unidos, compartían con generosidad, adoraban con alegría y sencillez de corazón, mientras el Señor añadía cada día a los que eran salvos.


Desarrollo:

Vv. 1-16. La fe en el nombre de Jesús transforma vidas

1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena (tres de la tarde), la de la oración. 

2 Y era traído un hombre (Le acercaron a un) cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 

3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna (dinero). 

Pedro y Juan subían juntos al templo. Pedro y Juan aparecen juntos varias veces en los Evangelios y en Hechos. Habían sido discípulos cercanos de Jesús y ahora, como apóstoles, son instrumentos del Cristo resucitado. Pedro y Juan subían al templo, no porque dependieran ya del sistema sacrificial para expiación, sino porque el templo seguía siendo un lugar público de oración, reunión y testimonio entre los judíos.


A la hora novena, la de la oración. La hora novena corresponde aproximadamente a las 3:00 de la tarde. Era una hora asociada con la oración.


Un hombre cojo de nacimiento. Lucas introduce al hombre como alguien “cojo de nacimiento”. Su condición no era reciente. Era una incapacidad de toda la vida. La frase “de nacimiento” muestra que su condición era humanamente irreversible. No se trataba de una debilidad temporal, sino de una imposibilidad permanente. Este hombre había pasado más de cuarenta años sin caminar. Dependía de otros para ser llevado y colocado en la puerta del templo.


A la puerta del templo llamada la Hermosa. Este hombre era colocado diariamente a la puerta del templo. Estaba cerca del lugar religioso, pero seguía en su miseria. Estaba junto al templo, veía gente entrar a orar, estaba rodeado de actividad religiosa, pero su condición no cambiaba.


Pedía limosna. El hombre pidió lo que conocía: limosna. No esperaba caminar. Solo esperaba recibir algo para sobrevivir otro día. La limosna podía aliviar su condición, pero no transformarla.


4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 

5 Entonces él (el cojo) les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo (un poco de dinero). 

6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda (camina). 

Pedro y Juan fijaron los ojos en él. Pedro no pasa de largo. No ve al hombre como parte del paisaje religioso. Lo mira. Pedro y Juan le prestan atención personal. Ven a un hombre, no un estorbo. Ven una necesidad, no una interrupción.


“Míranos”. Pedro le pide atención. El hombre esperaba recibir algo de ellos, probablemente dinero. Pero Pedro estaba a punto de darle algo mucho mayor.


“No tengo plata ni oro”. Pedro reconoce su limitación material. Pedro no tenía riqueza material para ofrecer. Pero su pobreza económica no significaba pobreza espiritual.


“Pero lo que tengo te doy”. Pedro no da lo que no tiene. Da lo que sí tiene: autoridad apostólica en el nombre de Cristo. Esto no significa que Pedro poseía poder propio. Lo que tenía era el nombre de Cristo como autoridad delegada, como dice 2 Corintios 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.


“En el nombre de Jesucristo de Nazaret”.  El milagro no ocurre por la fuerza de Pedro, ni por la piedad de Juan, ni por la fe del cojo, sino por el nombre de Jesucristo. Pedro enfatiza al mismo Jesús que fue despreciado, crucificado, resucitado y exaltado. El poder está en su nombre.


“Levántate y anda”. Pedro da una orden imposible humanamente, pero posible por el poder de Cristo. El mandato no se sostiene en la capacidad del hombre, sino en el poder del nombre de Cristo.


7 Y (Pedro) tomándole (al hombre cojo) por la mano derecha le levantó (le ayudó a levantarse); y al momento se le afirmaron (cobraron fuerza) los pies y tobillos; 

8 y saltando (se levantó de un salto), se puso en pie y anduvo (comenzó a caminar); y entró con ellos en el templo, andando (caminando), y saltando, y alabando a Dios. 

Pedro le toma por la mano derecha. Pedro no solo habla; actúa. Lo toma de la mano y lo levanta.


Al momento. La sanidad fue inmediata. Lucas, como médico, describe el efecto físico con detalle: “se le afirmaron los pies y tobillos”. El milagro fue completo. No hubo rehabilitación progresiva. Un hombre que nunca había caminado ahora se pone en pie, anda y salta.


Saltando, se puso en pie y anduvo. Lucas enfatiza la realidad de la sanidad con varios verbos: saltó, se puso en pie, anduvo, entró, siguió andando, saltando y alabando. La restauración fue visible, verificable y pública.


Entró con ellos en el templo. Este detalle es hermoso. Antes lo ponían a la puerta del templo. Ahora entra al templo. Antes estaba afuera pidiendo. Ahora entra alabando.


Alabando a Dios. El hombre sanado responde correctamente. No alaba a Pedro. No exalta a Juan. No glorifica la experiencia. Alaba a Dios.


9 Y todo el pueblo le vio andar (caminar) y alabar a Dios. 

10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro (sorpresa) y espanto (temor) por lo que le había sucedido.

Todo el pueblo lo vio. El milagro fue público. La gente vio al hombre andar y alabar a Dios. Dios hizo visible la transformación. El hombre que todos conocían como mendigo ahora caminaba.


Le reconocían. La gente sabía quién era. No podían negar el cambio. Era el mismo hombre que se sentaba a pedir limosna. Su historia era conocida, por eso el milagro era incuestionable.


Se llenaron de asombro y espanto. La reacción del pueblo fue fuerte, con asombro, admiración profunda, estupor, pero también con espanto, sorpresa, quedar fuera de sí, impacto profundo.


La señal logró captar la atención del pueblo, pero todavía necesitaban escuchar la explicación del evangelio. Por eso, en seguida, Pedro predicará nuevamente a Cristo.


En Hechos 2, las lenguas no fueron el centro del pasaje, sino la señal que preparó el camino para la predicación del evangelio. El asombro de la multitud abrió la oportunidad para que Pedro anunciara a Cristo crucificado, resucitado y exaltado, llamando al pueblo al arrepentimiento. De la misma manera, en Hechos 3, la sanidad del cojo no es el hecho principal, sino una señal visible del poder de Jesucristo resucitado. El milagro llamó la atención del pueblo, pero su propósito era apuntar más allá de sí mismo: preparar el corazón de los oyentes para escuchar la predicación de Pedro acerca de Cristo y el llamado urgente al arrepentimiento. Por eso, el énfasis del pasaje no debe quedarse en la sanidad física, sino en el Salvador que tiene poder para levantar al pecador y darle vida nueva.


11 Y teniendo asidos (agarrados) a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito (admirado), concurrió (corrieron) a ellos al pórtico que se llama de Salomón. 

El hombre sanado se mantiene junto a Pedro y Juan. Esto muestra una escena llena de emoción y gratitud. El hombre no se aparta de ellos. Se aferra a los instrumentos que Dios usó para levantarlo. El hombre sanado no estaba indiferente. Había sido transformado públicamente y permanecía junto a Pedro y Juan.


Todo el pueblo concurrió atónito. El milagro fue público y verificable. La gente conocía al hombre, sabía que era el mismo que pedía limosna a la puerta del templo. Por eso corrieron hacia Pedro, Juan y el hombre sanado. La reacción del pueblo es comprensible. Un hombre cojo de nacimiento, de más de cuarenta años, ahora caminaba, saltaba y alababa a Dios.


El pórtico de Salomón. El pueblo se reunió en el pórtico de Salomón, un área del templo donde la gente podía congregarse. Este lugar será significativo en Hechos, como vemos en Hechos 5:12 Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.


12 Viendo esto Pedro (como una oportunidad), respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis (sorprenden) de esto?, ¿o por qué ponéis los ojos en (se nos quedan viendo a) nosotros, como si por nuestro poder o piedad (rectitud) hubiésemos hecho andar a este? 

Pedro ve la reacción y responde. Pedro observa que la multitud está enfocándose en ellos. La gente corre hacia Pedro y Juan, asombrada por el milagro. Pedro inmediatamente corrige la interpretación equivocada.


Cuando vio que el pueblo ponía los ojos en ellos, redirigió la atención a Dios y a Cristo. Un verdadero siervo de Dios no se alimenta de la admiración de las personas. La rechaza cuando amenaza con robar la gloria de Cristo.


Varones israelitas. Pedro se dirige a ellos como miembros del pueblo de Israel, el pueblo que recibió los pactos, la ley, las promesas, los profetas y la esperanza mesiánica. Pedro les habla a personas que debían entender que el Dios de sus padres había prometido al Mesías.


¿Por qué os maravilláis de esto? Pedro no niega que el milagro sea maravilloso. Lo que corrige es el asombro mal dirigido. La gente estaba sorprendida como si Pedro y Juan fueran la fuente del poder. Pedro no quiere que el pueblo se quede en el fenómeno. Quiere llevarlos al significado.


¿Por qué ponéis los ojos en nosotros? La multitud estaba mirando a los apóstoles como si ellos fueran la fuente del milagro. Pedro rechaza esa lectura.


Como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste. Pedro niega dos posibles causas humanas: 1. Nuestro poder, 2. Nuestra piedad


Pedro dice que el milagro no ocurrió por su poder personal ni por su nivel espiritual. No fue porque Pedro y Juan fueran “más ungidos” en sí mismos. Fue por Cristo.


13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres (antepasados), ha glorificado (ha dado el más alto honor) a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis (rechazaron) delante de Pilato, cuando este había resuelto (decidido) ponerle en libertad. 

14 Mas vosotros negasteis (rechazaron) al Santo y al Justo, y pedisteis (exigieron) que se os diese un homicida, 

15 y matasteis al Autor de la vida (al que nos lleva a la vida), a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 

Pedro conecta el milagro con el Dios del pacto. Pedro no presenta a Jesús como una novedad desconectada del Antiguo Testamento, sino que conecta con Éxodo 3:6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Pedro está diciendo: el Dios que habló a los patriarcas, el Dios del pacto, el Dios de Israel, ha glorificado a Jesús.


Ha glorificado a su Hijo Jesús. Jesús es el Hijo amado. Dios glorificó a Jesús por medio de su resurrección y exaltación. Los hombres lo humillaron, pero Dios lo exaltó, como dice Filipenses 2:8-9 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo…


A quien vosotros entregasteis. Pedro confronta directamente la responsabilidad de sus oyentes. Pedro no suaviza la culpa. Les dice que ellos entregaron a Jesús. Esto recuerda el lenguaje de la traición y del proceso injusto que llevó a la crucifixión.


Y negasteis delante de Pilato. El pueblo negó a Jesús delante de Pilato, aun cuando Pilato había resuelto ponerlo en libertad, como vemos en Lucas 23:20-21 Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!


Pedro expone la gravedad de su rechazo: no fue ignorancia inocente, sino una negación pública del Mesías.


Negasteis al Santo y al Justo. Pedro usa dos títulos fuertes para describir a Jesús; el Santo y el Justo. Porque no había pecado en Él, como dice 1 Pedro 2:22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca, así como en 2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado… El pueblo rechazó al único verdaderamente santo y justo.


Pedisteis que se os diese un homicida. Pedro se refiere a Barrabás como dice Lucas 23:18-19 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás!

Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio.


Y matasteis al Autor de la vida. Esta es una de las frases más impactantes del libro de Hechos. Jesús es el Autor de la vida. Él es la fuente y originador de la vida, como dice Juan 1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y como Jesús mismo dijo en Juan 14:6 Yo soy el camino, y la verdad, y la vida… Y, aun así, los hombres lo mataron.


La ironía es profunda: mataron al Autor de la vida. Pero la muerte no pudo retenerlo.


A quien Dios ha resucitado de los muertos. Pedro no termina en la culpa humana. Proclama la victoria de Dios. Los hombres mataron al Autor de la vida, pero Dios lo levantó de los muertos, como Pedro dijo en Hechos 2:24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.


La resurrección es la vindicación divina de Jesús y la base de nuestra justificación, como dice Romanos 4:25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.


De lo cual nosotros somos testigos. Los apóstoles no predican teorías. Dan testimonio de un hecho histórico: Jesús resucitó.


16 Y por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros (delante de sus propios ojos).

Por la fe en su nombre. Pedro explica la causa instrumental del milagro: fe en el nombre de Jesús. La fe recibe y descansa en el poder de Cristo.


A éste, que vosotros veis y conocéis. Pedro vuelve a señalar al hombre sanado como evidencia visible. Ellos lo veían y lo conocían. La sanidad era verificable. Ellos conocían su condición pasada y veían su condición presente.


Le ha confirmado su nombre. Pedro insiste: el nombre de Jesús fortaleció a este hombre. Es la misma idea usada en Hechos 3:7 cuando sus pies y tobillos fueron afirmados. Pedro está diciendo que Jesús, por su nombre, hizo firme al hombre.


La fe que es por él. Pedro no presenta la fe como una obra autónoma del hombre. Dice que la fe es “por él”, es decir, viene por medio de Cristo o tiene su origen en Él. Dios no solo da el objeto de la fe, Cristo, sino que también concede la fe para venir a Él, como dice Filipenses 1:29 Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.


Ha dado a éste esta completa sanidad. Este término aparece solo aquí en el Nuevo Testamento. Describe una restauración completa. El hombre no quedó medio sano, ni apenas mejorado. Fue plenamente restaurado.


En presencia de todos vosotros. El milagro fue público. Nadie podía negar lo ocurrido.


Vv. 17-24. La fe en el nombre de Jesús demanda arrepentimiento

17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. 

Mas ahora, hermanos. Pedro acaba de confrontarlos con palabras fuertes. Les dijo que negaron al Santo y al Justo, pidieron a un homicida y mataron al Autor de la vida. Sin embargo, ahora los llama “hermanos”.


Sé que por ignorancia lo habéis hecho. Pedro reconoce que el pueblo actuó por ignorancia. Eso no significa que fueran inocentes, sino que no entendieron plenamente la gravedad de lo que estaban haciendo.


Pedro no dice que no hicieron nada malo. Dice que lo hicieron por ignorancia. La ignorancia no cancela la culpa, pero sí muestra que hay espacio para la misericordia de Dios. Jesús mismo oró por sus verdugos, reconociendo que actuaban sin comprender plenamente la gloria de Aquel a quien crucificaban en Lucas 23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.


Como también vuestros gobernantes. Pedro incluye a los líderes religiosos y civiles del pueblo. No solo la multitud fue responsable; también sus gobernantes. Los líderes tenían mayor responsabilidad porque conocían las Escrituras y debían guiar al pueblo hacia el Mesías. Sin embargo, participaron en su rechazo.


18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo (Mesías) había de padecer. 

Pero Dios ha cumplido así. Pedro afirma la soberanía de Dios sobre la cruz. Los hombres actuaron mal, pero Dios cumplió su plan.


La crucifixión no fue un accidente histórico. Dios estaba cumpliendo lo que había anunciado, y Pedro ya lo había expuesto en Hechos 2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios…


Lo que había antes anunciado. Dios no improvisó la cruz. La había anunciado por medio de los profetas. La muerte de Cristo fue profetizada antes de suceder. Esto demuestra que el evangelio no es una invención posterior de los apóstoles, sino el cumplimiento del plan revelado por Dios.


Por boca de todos sus profetas. Pedro no quiere decir que cada profeta individual habló explícitamente de cada detalle de la cruz, sino que el testimonio profético en conjunto apuntaba al sufrimiento del Mesías. Jesús mismo enseñó que las Escrituras anunciaban su padecimiento y su gloria como dijo en Lucas 24:25-27 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.


Que su Cristo había de padecer. Pedro afirma que el Mesías debía padecer. Muchos judíos esperaban un Mesías glorioso y vencedor, pero no comprendían claramente que antes de la gloria vendría el sufrimiento, como dice Isaías 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados…


19 Así que, arrepentíos y convertíos (vuélvanse a Dios), para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (alivio), 

Así que. Pedro ahora aplica todo lo anterior. Como ellos pecaron, como Cristo padeció según el plan de Dios, como Dios lo resucitó y como el milagro confirma el poder de su nombre, entonces deben responder.


Arrepentíos. La palabra “arrepentíos” viene del griego <metanoéō>, Strong G3340, que significa cambiar de mente, volverse del pecado a Dios, reconocer la maldad del pecado y tomar una nueva dirección.


Es la misma respuesta que Pedro dio en Hechos 2:38. El arrepentimiento bíblico no es solo remordimiento. Es un cambio profundo de mente, voluntad y dirección frente a Dios, el pecado y Cristo.


Y convertíos. La palabra “convertíos” viene del griego <epistréphō>, Strong G1994, que significa volverse, regresar, convertirse, cambiar de dirección, retornar a Dios.


El arrepentimiento enfatiza el cambio interno de mente y corazón. La conversión enfatiza el giro de dirección: abandonar el camino de pecado y volver a Dios, como invita Isaías 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová… Si no hay cambio de dirección, no hay conversión bíblica.


Para que sean borrados vuestros pecados. Esta palabra “borrados” se usaba para borrar escritura de un documento. La imagen es hermosa: los pecados son quitados, cancelados, limpiados delante de Dios, como dice Colosenses 2:14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros… quitándola de en medio y clavándola en la cruz.


Para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. Pedro promete “tiempos de refrigerio” de la presencia del Señor. Esto puede entenderse en dos sentidos relacionados:


1. Refrigerio espiritual presente: alivio, perdón, paz y renovación que vienen cuando el pecador se reconcilia con Dios.

2. Refrigerio escatológico futuro: la plenitud de bendición que vendrá con el regreso de Cristo y la restauración final.


Ambos sentidos encajan en el pasaje, porque Pedro une el perdón presente con la esperanza futura de restauración.


20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 

Y él envíe a Jesucristo. Pedro mira hacia el futuro: Dios enviará a Jesucristo. Esto apunta al regreso de Cristo. Pedro está diciendo que el mismo Jesús que fue anunciado, rechazado, crucificado, resucitado y exaltado volverá. Como dijeron los varones con vestiduras blancas a los discípulos en Hechos 1:11 Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.


Que os fue antes anunciado. Pedro les recuerda que Jesús ya había sido anunciado. No es un Mesías improvisado ni una idea nueva.


21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba (que en el cielo permanezca) hasta los tiempos de la restauración de (poner en orden) todas las cosas, de que habló (prometió) Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde (que vivieron en) tiempo antiguo. 

A quien de cierto es necesario que el cielo reciba. Pedro enseña que Cristo debe permanecer en el cielo hasta el tiempo determinado por Dios. Esto se refiere a la ascensión y sesión de Cristo a la diestra de Dios.


El cielo lo recibe hasta el tiempo establecido. Él reina ahora, intercede por los suyos y volverá en el momento determinado por el Padre.


Hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas. Pedro habla de una restauración futura. La restauración apunta al cumplimiento final del reino de Dios, cuando Cristo venga y todas las cosas sean puestas bajo su autoridad.


De que habló Dios por boca de sus santos profetas. Pedro vuelve a los profetas. La esperanza futura de restauración no es invento apostólico; Dios la anunció desde antiguo.


Los profetas hablaron de un futuro de restauración, justicia, paz y reino mesiánico, como en Isaías 11:6-9 Morará el lobo con el cordero… No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte…


22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos (su pueblo), como a mí; a él oiréis (escúchenle con atención) en todas las cosas que os hable; 

23 y toda alma (todo aquel) que no oiga a aquel profeta, será desarraigada (excluido) del pueblo. 

Porque Moisés dijo a los padres. Pedro cita Deuteronomio 18:15-19 15Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; 16conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. 17Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. 18Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 19Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.


Pedro les habla a judíos que respetaban profundamente a Moisés. Pedro les está diciendo: el mismo Moisés, a quien ustedes honran, anunció a Cristo.


Moisés fue el gran profeta, libertador y mediador usado por Dios para sacar a Israel de Egipto, entregar la ley y guiar al pueblo. Pero Moisés no era el cumplimiento final. Él apuntaba a otro mayor.


El Señor vuestro Dios os levantará profeta. Jesús es el Profeta prometido. Esto no significa que Jesús sea solamente profeta, como afirman algunas religiones falsas. Él es más que profeta: es el Hijo de Dios, el Cristo, el Señor, el Santo, el Justo y el Autor de la vida. Pero sí cumple perfectamente el oficio profético porque revela plenamente a Dios.


De entre vuestros hermanos. Jesús vino del pueblo de Israel. No fue un extraño ajeno a las promesas, sino el Mesías nacido según la carne del linaje de Israel.


Como a mí. Moisés dice que Dios levantaría un profeta “como a mí”. Esto no significa igual en gloria final, sino semejante en función redentora: enviado por Dios, mediador del pacto, revelador de la Palabra y libertador del pueblo.


A él oiréis en todas las cosas que os hable. Esta es una orden solemne. No se trata de escuchar a Cristo parcialmente, sino en todo lo que Él hable. En la transfiguración, el Padre mismo declara que su Hijo debe ser oído. Moisés y Elías aparecen, pero la voz del Padre dirige la atención final a Cristo. Como dice Mateo 17:5 Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.


Toda alma que no oiga a aquel profeta será desarraigada del pueblo. Pedro aplica la advertencia de Moisés a sus oyentes. No oír a Cristo tiene consecuencias eternas.


Cristo puede ser recibido con fe obediente o rechazado con incredulidad. Pero nadie puede permanecer neutral. La neutralidad ante Cristo es una forma de rechazo. Si Dios manda: “a él oiréis”, entonces no escucharlo es rebelión.


La advertencia es severa. Quien rechaza al Profeta prometido queda bajo juicio. Ser parte externa del pueblo de Israel no bastaba si rechazaban a Cristo.


24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 

Todos los profetas. Pedro amplía su argumento. No solo Moisés anunció a Cristo. También los profetas desde Samuel en adelante hablaron de estos días. Jesús mismo enseñó que toda la Escritura apunta a Él en Lucas 24:44 Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.


Desde Samuel en adelante. Samuel representa el inicio de una etapa profética importante en Israel, asociada también con la monarquía y la esperanza del reino.


Samuel ungió a David, y con David se desarrolló la promesa del reino mesiánico en 2 Samuel 7:12-13 Y cuando tus días sean cumplidos… yo levantaré después de ti a uno de tu linaje…

él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. La promesa davídica apunta al Rey final: Cristo.


También han anunciado estos días. “Estos días” se refiere al tiempo inaugurado por la venida de Cristo, su muerte, resurrección, exaltación, derramamiento del Espíritu y proclamación del evangelio.


En Hechos 2, Pedro ya había dicho que los “postreros días” anunciados por Joel estaban vinculados con Pentecostés.


Vv. 25-26. La fe en Jesucristo trae la bendición prometida por Dios

25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y (herederos) del pacto que Dios hizo con nuestros padres (antepasados), diciendo a Abraham: En tu simiente (decendencia) serán benditas (bendecidas) todas las familias de la tierra. 

Vosotros sois los hijos de los profetas. Pedro recuerda a sus oyentes su privilegio histórico. Ellos pertenecían al pueblo que recibió la revelación profética. Ser “hijos de los profetas” significa que eran herederos del testimonio profético. Tenían una responsabilidad especial ante la revelación de Dios.


Y del pacto que Dios hizo con nuestros padres. Pedro conecta el evangelio con el pacto de Abraham. 


Diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. La promesa a Abraham no era solo para Israel, sino que desde el inicio tenía alcance hacia todas las familias de la tierra, como dice Génesis 12:3…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra, y en Génesis 22:18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra…


Abraham recibió la promesa de Dios, y esa promesa encuentra su cumplimiento final en Cristo, como dice Gálatas 3:16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente… la cual es Cristo. Pablo interpreta la simiente prometida es Cristo, y por medio de Él la bendición llega a todas las familias de la tierra.


26 A vosotros (lo envió) primeramente, Dios, habiendo levantado (resucitado) a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

A vosotros primeramente. Pedro habla del orden histórico de la misión. El evangelio fue anunciado primero a Israel, el pueblo que recibió las promesas. Esto concuerda con el patrón bíblico que vemos en Romanos 1:16 …al judío primeramente, y también al griego.


Dios, habiendo levantado a su Hijo.  Aquí nuevamente aparece la palabra “Hijo”, pero el término griego es, <país>, que también puede traducirse como “Siervo”.


Pedro ya usó esta palabra en Hechos 3:13 “ha glorificado a su Hijo Jesús…” La idea es que Dios levantó a Jesús como su Siervo mesiánico, el que cumple Isaías 52-53.


Lo envió para que os bendijese. Dios envió a Jesús para bendecir. Pero Pedro define inmediatamente en qué consiste esta bendición.


A fin de que cada uno se convierta de su maldad. En Hechos 3:19, Pedro usó <epistréphō>, para “convertíos”, que enfatiza volverse a Dios. Aquí usa <apostréphō>, Strong G654, que enfatiza apartarse de la maldad.


Las dos ideas van juntas: 1. Volverse a Dios. 2. Apartarse del pecado. No existe conversión verdadera sin abandono del pecado.


No significa perfección instantánea, pero sí una ruptura real con la maldad como señor de la vida. El creyente aún lucha contra el pecado, pero ya no lo abraza como amo. La gracia no solo perdona la culpa del pecado; también rompe su dominio, como dice Romanos 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros…

Conclusión: El milagro del cojo fue una señal que apuntó a Cristo. Pedro predicó al Santo y Justo, muerto y resucitado, llamando al pueblo al arrepentimiento. Jesús es el Profeta prometido, la Simiente de Abraham y el único que convierte al pecador de su maldad.

Preguntas de observación e interpretación por versículo, diseñadas para asegurar que el expositor y los participantes comprendan correctamente y en detalle la enseñanza.




Hechos 3:1-10

Preguntas de observación

1. ¿A dónde subían Pedro y Juan?

    R. Al templo.

2. ¿A qué hora subían?

    R. A la hora novena, la de la oración.

3. ¿Qué condición tenía el hombre?

    R. Era cojo de nacimiento.

4. ¿Qué pedía el hombre?

    R. Limosna.

5. ¿Qué le dijo Pedro?

    R. “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.”

6. ¿Qué ocurrió al momento?

    R. Se le afirmaron los pies y tobillos.

7. ¿Qué hizo el hombre después de ser sanado?

    R. Entró con ellos en el templo, andando, saltando y alabando a Dios.

8. ¿Cómo reaccionó el pueblo?

    R. Se llenaron de asombro y espanto.


Preguntas de interpretación

9. ¿Por qué es importante que el hombre fuera cojo de nacimiento?

    R. Porque muestra que su condición era humanamente imposible de resolver y que la sanidad fue obra poderosa de Dios.

10. ¿Qué significa sanar “en el nombre de Jesucristo”?

    R. Que la sanidad ocurrió bajo la autoridad y el poder de Cristo, no por poder humano.

11. ¿Por qué Pedro menciona que no tiene plata ni oro?

    R. Para mostrar que no podía darle riqueza material, pero sí algo mucho mayor: restauración por el poder de Cristo.

12. ¿Qué enseña el hecho de que el hombre entró al templo alabando a Dios?

    R. Que la restauración verdadera lleva a la adoración.

13. ¿Por qué el pueblo se asombró?

    R. Porque reconocían al hombre como el cojo que pedía limosna y ahora lo veían caminando y alabando a Dios.




Hechos 3:11-16

Preguntas de observación

1. ¿A quiénes tenía asidos el hombre sanado?

    R. A Pedro y a Juan.

2. ¿Cómo reaccionó el pueblo?

    R. Con asombro, corriendo hacia ellos al pórtico de Salomón.

3. ¿Qué pregunta hizo Pedro al pueblo?

    R. “¿Por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros?”

4. ¿Qué negó Pedro acerca del milagro?

    R. Que hubiera ocurrido por su poder o piedad.

5. ¿A quién glorificó el Dios de Abraham, Isaac y Jacob?

    R. A su Hijo, o Siervo, Jesús.

6. ¿Qué hicieron ellos con Jesús?

    R. Lo entregaron, lo negaron y lo mataron.

7. ¿Cómo llama Pedro a Jesús?

    R. El Santo, el Justo y el Autor de la vida.

8. ¿Qué hizo Dios con Jesús?

    R. Lo resucitó de los muertos.

9. ¿Por qué fue sanado el hombre?

    R. Por la fe en el nombre de Jesús.


Preguntas de interpretación

10. ¿Por qué Pedro corrige el asombro del pueblo?

    R. Porque estaban mirando a Pedro y Juan como si ellos tuvieran poder propio.

11. ¿Qué significa que Dios glorificó a Jesús?

    R. Que Dios lo exaltó y vindicó mediante su resurrección y exaltación.

12. ¿Por qué es grave que hayan negado al Santo y al Justo?

    R. Porque rechazaron al único verdaderamente puro e inocente delante de Dios.

13. ¿Qué significa que Jesús es el Autor de la vida?

    R. Que Él es la fuente y originador de la vida.

14. ¿Qué función tiene el hombre sanado en el sermón de Pedro?

    R. Sirve como evidencia visible del poder del nombre de Cristo y como puente para predicar el evangelio.

15. ¿Qué enseña la frase “la fe que es por él”?

    R. Que la fe misma está relacionada con la gracia de Cristo y no es motivo de jactancia humana.


Hechos 3:17-21

Preguntas de observación

1. ¿Qué dice Pedro sobre la manera en que el pueblo actuó?

    R. Que lo hicieron por ignorancia.

2. ¿A quiénes incluye Pedro junto con el pueblo?

    R. A sus gobernantes.

3. ¿Qué había anunciado Dios por boca de los profetas?

    R. Que su Cristo había de padecer.

4. ¿Qué manda Pedro en el versículo 19?

    R. “Arrepentíos y convertíos.”

5. ¿Para qué deben arrepentirse y convertirse?

    R. Para que sean borrados sus pecados.

6. ¿Qué vendría de la presencia del Señor?

    R. Tiempos de refrigerio.

7. ¿A quién enviará Dios?

    R. A Jesucristo.

8. ¿Hasta cuándo debe el cielo recibir a Cristo?

    R. Hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.


Preguntas de interpretación

9. ¿Significa la ignorancia que ellos eran inocentes?

    R. No. Significa que no comprendían plenamente lo que hacían, pero aun así necesitaban arrepentirse.

10. ¿Qué enseña el versículo 18 sobre la cruz?

    R. Que el sufrimiento de Cristo cumplió el plan anunciado por Dios mediante los profetas.

11. ¿Qué significa arrepentirse?

    R. Cambiar de mente y corazón acerca del pecado y volverse a Dios.

12. ¿Qué significa convertirse?

    R. Regresar a Dios, cambiar de dirección y abandonar el camino de rebelión.

13. ¿Qué significa que los pecados sean borrados?

    R. Que Dios los quita, cancela y limpia por la obra de Cristo.

14. ¿Qué son los tiempos de refrigerio?

    R. Bendiciones de descanso, alivio y renovación que vienen de la presencia del Señor, con una dimensión presente y una esperanza futura.

15. ¿Qué significa la restauración de todas las cosas?

    R. La renovación final que Dios traerá por medio de Cristo cuando todas las cosas sean puestas bajo su reinado.

   



Hechos 3:22-26

Preguntas de observación

1. ¿A quién cita Pedro en el versículo 22?

    R. A Moisés.

2. ¿Qué dijo Moisés que Dios levantaría?

    R. Un profeta de entre sus hermanos, como él.

3. ¿Qué debía hacer el pueblo con ese profeta?

    R. Oírlo en todas las cosas que hablara.

4. ¿Qué pasaría con quien no oyera a ese profeta?

    R. Sería desarraigado del pueblo.

5. ¿Quiénes más anunciaron estos días?

    R. Todos los profetas desde Samuel en adelante.

6. ¿De quiénes dice Pedro que ellos son hijos?

    R. De los profetas y del pacto que Dios hizo con los padres.

7. ¿Qué promesa hizo Dios a Abraham?

    R. “En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.”

8. ¿A quién envió Dios primeramente?

    R. A su Hijo, o Siervo, Jesús.

9. ¿Para qué lo envió?

    R. Para bendecirlos, haciendo que cada uno se convierta de su maldad.


Preguntas de interpretación

10. ¿Quién es el Profeta anunciado por Moisés?

    R. Jesucristo, el Profeta supremo y revelación final de Dios.

11. ¿Qué significa oír a Cristo?

    R. Escuchar su palabra con fe, obediencia y sumisión.

12. ¿Qué significa ser desarraigado del pueblo?

    R. Ser puesto bajo juicio y excluido de la verdadera pertenencia al pueblo de Dios por rechazar a Cristo.

13. ¿Cómo anunciaron los profetas estos días?

    R. Al hablar del Mesías, su sufrimiento, gloria, reino y bendición futura.

14. ¿Qué significa la promesa a Abraham sobre la simiente?

    R. Que por medio de Cristo, la descendencia prometida, llegaría la bendición salvadora a todas las familias de la tierra.

15. ¿Cuál es la bendición principal que Cristo trae según el versículo 26?

    R. Que cada uno se convierta de su maldad.

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